Como volar errante de una alondra
que rauda cruza nubes en su andar;
como la luz de un cirio en la sombra
a la merced de un viento de olvidar.
 
Olvido, así emerges, tan despacio
que apenas si te advierto al llegar.
Abriendo uno, otro y otro espacio
que se unen tristemente en soledad.
 
Soledad concebida para salir ilesos
agravas más la sed que has de saciar.
Y dóciles dejamos que nos bañe tu gesto
y las dudas de olvido ya no mueren jamás.
 
Tu vida y mi vida serán cual tierra y cielo
en aparente frote allá en el horizonte
pero jamás veremos esa línea de roce
entre el ir de las nubes y las olas del mar.
 
Marea de un salobre oleaje que es eterno.
Acíbar de tu boca, en besos de otros labios,
pues siento aun tu  aliento, halito sempiterno:
Dulce en mi soledad y en compañía, agrio.
 
Como el aroma suave donde había un clavel
arrancado sin culpa, sin pena y sin agravio
por la brisa confusa de un mal día de ayer;
de un pensamiento estéril, que parecía sabio.
 
Brotará en otra tierra lejana, en apariencia,
más como las estrellas vistas desde pleamar,
nuestras almas perdidas harán la confluencia,
el alinear celeste de un eterno pausar.
 
Una promesa hueca, una flor que no crece,
un astro que no rota, ni tiene traslación,
una marea perenne, un beso que aridece
el campo más fecundo, el más prometedor.
 
Y la esperanza ciega al más tenue destello
ocupa todo empeño, en otra decepción.
A tientas va buscando un elixir de amnesia
pero solo se topa con verdadero amor.
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