Dicen que fui solo un burro.
Pero yo vi lo que nadie vio.
Vi a Sancho llorar en silencio cuando su amo cayó del caballo por enésima vez.
Vi a Don Quijote hablarle a las estrellas como si respondieran.
Vi gigantes en sus ojos, aunque fueran molinos.
Nunca entendí los discursos, ni los códigos de caballería.
Pero entendí el amor que los unía:
el loco y el realista.
el ideal y el polvo.
el sueño y el paso firme.
Yo solo los llevé de pueblo en pueblo,
sin entender la gloria.
Pero sabiendo —sin duda—
que había algo sagrado en seguirlos.
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