Esa noche entrò a su cuarto a oscuras y de un fuerte golpe cerrò la puerta. Sin encender la luz se tirò en la cama, como lo hacìa de niña cuando algo no le salìa bien.
    En ese momento tenìa mucha furia, no podìa aceptar que no se hiciera su voluntad, siempre, pero siempre debìa hacerse lo que ella querìa.
    Dentro de esa furia comenzaron a aflorar los recuerdos. Recordò como se habìa puesto el dìa que sus padres no quisieron regalarle un poni para su cumpleaños, o la decepciòn que sintiò al enterarse que no iba a recibir un auto para su graduaciòn.
    Esos malos recuerdos le fueron dando paso a los buenos y rememorò aquella navidad en que recibiò un hermoso cachorro blanco, o su  fiesta de comuniòn en el patio de la casa de su abuela, todo iluminado y perfumado por el aroma que brotaba de las magnolias, su cumpleaños de quince, ¡què orgullosa se sentìa del brazo de su padre!, ya era toda una mujer y estrenaba zapato de tacòn.
    Se sintiò tan feliz con esos recuerdos que añorò ser niña otra vez, y se dio cuenta de lo irònica que es la vida, cuando era niña querìa ser una gran mujer, y ahora que lo era querìa ser niña otra vez.
 
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