NO QUIERO SER MAMÁ (Primer capítulo)
Hacía tiempo que Lili Fer habitaba en el Reino de los No Nacidos junto a las hadas y duendes que los cuidaban.
La mayoría de los niños vivían allí poco tiempo, pues al final partían hacia sus próximas familias. Mientras tanto lo pasaban muy bien allí. Surgían allá en el Puente del Arco Iris y disfrutaban riendo y jugando con todos los curiosos seres que allí existían.
Sin embargo, siempre había un fuerte deseo de ir a la Tierra y de conocer a sus padres, por lo que todos los niños esperaban ansiosamente el momento de su partida.
Todos... menos Lili. La chica llevaba ya allí bastante tiempo, acompañada de sus querido amigos, los gnomos Vinie y Duy. Cometía toda clase de diabluras a pesar de los intentos de los nerviosos duendecillo por evitarlo. Las hadas y todos los seres fantásticos del Reino de los No Nacidos querían a Lili, aunque a ratos se fastidiaban mucho de sus travesuras.
Por su parte, Lili, que se había cansado las primeras veces de esperar que vinieran por ella, se había resignado a vivir allí. Cada año que pasaba se volvía más inquieta y sinvergüenza, por lo que todos le reclamaban al Hada Suprema, la máxima autoridad, que hiciera algo al respecto.
Habían dos o tres casos en ese momento que Suprema debía resolver: estaba Pedro, que también llevaba tiempo allí y Amy, una niña triste que ansiaba ser recogida por sus padres.
Tras un minucioso rastreo, Suprema se encontró con que los tres casos eran muy distintos y debían ser resueltos de diferentes formas.
Suprema llamó aparte a Lili y decidió hablar con ella.
- Ya tienes suficiente tiempo aquí- le dijo -y te habrás dado cuenta de que allá en la Tierra no se han decidido a recibirte.
- Lo sé de sobra- dijo Lili, que acostumbraba interrumpir a los demás y a hablar muy fuerte -pero no me preocupa en absoluto. La paso muy bien aquí.
- Ése no es el punto- le dijo Suprema -no puedes quedarte aquí todo el tiempo que desees. Es preciso que tus padres decidan que van a hacer contigo antes de considerar alguna otra alternativa.
Pero Lili no le atendía. Le preocupaban poco sus padres y estaba más entretenida en hacer amigos y conocer cosas nuevas. Además, sabía por diversas fuentes que los niños no siempre eran felices en la Tierra con los padres que les habían recibido.
Suprema insistió.
- Lili, necesito que vayas a la Tierra. Necesito que busques a tu madre.
La chica hizo una mueca de fastidio.
- ¿Por qué yo debo buscarla a ella? Tengo entendido que así no funcionan las cosas.
- Ése es precisamente el problema- subrayó Suprema -al parecer ni tú ni tu madre tienen mucho interés en conocerse. Necesito que ambas se conozcan y convivan un poco para poder ponerle fin a tu larga espera. De lo contrario, te quedarás aquí para siempre.
A Lili aquello no le pareció una amenaza, al contrario.
- Me gusta estar en este lugar, ¿Por qué tengo que irme?
- Porque el destino final de todo niño es nacer y cumplir con su misión en la Tierra.
Lili odiaba las conversaciones serias. Estaba acostumbrada a divertirse y odiaba el sufrimiento. Ir a la Tierra para conocer a su madre implicaba demasiadas cosas desagradables y ella no quería enfrentarse a eso.
Pero el Hada Suprema ya había tenido casos similares a los de Lili, aunque eran prácticamente muy pocos.
Algunas veces por fin se resolvían y lo mandaban llamar.
Pero otras veces, aquello jamás ocurría.
Ése era su principal temor.
Lili por fin accedió a regañadientes.
- ¿Qué es lo que debo hacer?
- Buscarla, hablar con ella. Es preciso que la convenzas para que se decida a que vayas a la Tierra.
- ¿Y si no quiere?
- Depende de ti. Tienes mucha imaginación y puedes ingeniártelas para convencerla.
- ¿Y cómo voy a hablar con ella si no he nacido?- refunfuñó Lili.
- Ella podrá verte y nadie más. La identificarás por una linterna que voy a proporcionarte. Serás como una especie de fantasma, así que debes ser muy precavida.
- ¿Y puedo llevar a Vinie y Duy conmigo?
En ocasiones estos amiguitos era un gran apoyo para Paty, ya que resultaba muy atolondrada e imprudente. Pero esta vez, la misión sólo recaía en Paty.
- No, Paty. Esta vez ellos no podrá acompañarte.
La mayoría de los niños vivían allí poco tiempo, pues al final partían hacia sus próximas familias. Mientras tanto lo pasaban muy bien allí. Surgían allá en el Puente del Arco Iris y disfrutaban riendo y jugando con todos los curiosos seres que allí existían.
Sin embargo, siempre había un fuerte deseo de ir a la Tierra y de conocer a sus padres, por lo que todos los niños esperaban ansiosamente el momento de su partida.
Todos... menos Lili. La chica llevaba ya allí bastante tiempo, acompañada de sus querido amigos, los gnomos Vinie y Duy. Cometía toda clase de diabluras a pesar de los intentos de los nerviosos duendecillo por evitarlo. Las hadas y todos los seres fantásticos del Reino de los No Nacidos querían a Lili, aunque a ratos se fastidiaban mucho de sus travesuras.
Por su parte, Lili, que se había cansado las primeras veces de esperar que vinieran por ella, se había resignado a vivir allí. Cada año que pasaba se volvía más inquieta y sinvergüenza, por lo que todos le reclamaban al Hada Suprema, la máxima autoridad, que hiciera algo al respecto.
Habían dos o tres casos en ese momento que Suprema debía resolver: estaba Pedro, que también llevaba tiempo allí y Amy, una niña triste que ansiaba ser recogida por sus padres.
Tras un minucioso rastreo, Suprema se encontró con que los tres casos eran muy distintos y debían ser resueltos de diferentes formas.
Suprema llamó aparte a Lili y decidió hablar con ella.
- Ya tienes suficiente tiempo aquí- le dijo -y te habrás dado cuenta de que allá en la Tierra no se han decidido a recibirte.
- Lo sé de sobra- dijo Lili, que acostumbraba interrumpir a los demás y a hablar muy fuerte -pero no me preocupa en absoluto. La paso muy bien aquí.
- Ése no es el punto- le dijo Suprema -no puedes quedarte aquí todo el tiempo que desees. Es preciso que tus padres decidan que van a hacer contigo antes de considerar alguna otra alternativa.
Pero Lili no le atendía. Le preocupaban poco sus padres y estaba más entretenida en hacer amigos y conocer cosas nuevas. Además, sabía por diversas fuentes que los niños no siempre eran felices en la Tierra con los padres que les habían recibido.
Suprema insistió.
- Lili, necesito que vayas a la Tierra. Necesito que busques a tu madre.
La chica hizo una mueca de fastidio.
- ¿Por qué yo debo buscarla a ella? Tengo entendido que así no funcionan las cosas.
- Ése es precisamente el problema- subrayó Suprema -al parecer ni tú ni tu madre tienen mucho interés en conocerse. Necesito que ambas se conozcan y convivan un poco para poder ponerle fin a tu larga espera. De lo contrario, te quedarás aquí para siempre.
A Lili aquello no le pareció una amenaza, al contrario.
- Me gusta estar en este lugar, ¿Por qué tengo que irme?
- Porque el destino final de todo niño es nacer y cumplir con su misión en la Tierra.
Lili odiaba las conversaciones serias. Estaba acostumbrada a divertirse y odiaba el sufrimiento. Ir a la Tierra para conocer a su madre implicaba demasiadas cosas desagradables y ella no quería enfrentarse a eso.
Pero el Hada Suprema ya había tenido casos similares a los de Lili, aunque eran prácticamente muy pocos.
Algunas veces por fin se resolvían y lo mandaban llamar.
Pero otras veces, aquello jamás ocurría.
Ése era su principal temor.
Lili por fin accedió a regañadientes.
- ¿Qué es lo que debo hacer?
- Buscarla, hablar con ella. Es preciso que la convenzas para que se decida a que vayas a la Tierra.
- ¿Y si no quiere?
- Depende de ti. Tienes mucha imaginación y puedes ingeniártelas para convencerla.
- ¿Y cómo voy a hablar con ella si no he nacido?- refunfuñó Lili.
- Ella podrá verte y nadie más. La identificarás por una linterna que voy a proporcionarte. Serás como una especie de fantasma, así que debes ser muy precavida.
- ¿Y puedo llevar a Vinie y Duy conmigo?
En ocasiones estos amiguitos era un gran apoyo para Paty, ya que resultaba muy atolondrada e imprudente. Pero esta vez, la misión sólo recaía en Paty.
- No, Paty. Esta vez ellos no podrá acompañarte.
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