¿A que me siento arraigada? 

Arraigada a la palabra, a modo de alas,
al sentimiento libre,
a la pasión en estado crepuscular...

arraigada a los aromas a jazmín que, 
a diferencia del aroma de otras flores
no pasan desapercibidos,

arraigada a las escaleras de caracol
que van girando hacia arriba...

a los modos que tiene la sangre
en aquellas manchas de pátina sobre el asfalto,

arraigada al despertar de la noche,
al vértigo del silencio,
a los márgenes,
a los escapularios,
a las brújulas,

arraigada a la gente que no sabe decir no,
a los imprevistos,
las vidas pasadas,

arraigada a uno mismo que va con esa energía,
a pocos matarifes y a muchas vacas...

al karma de mi herencia genética,
al devenir de un tiempo eterno ensamblado en mi ser...

arraigada al mirar lo que pasa
haciendo caso omiso a las ganas grises,

arraigada como forma tangencial
aprobando las ilusiones,
desafiando los miedos
dentro del magnetismo de lo boreal...

arraigada a la potencia centrífuga de los jardines,
a las alas que deambulan,
a la ilusión felina y a su impulso,
a creer que la enfermedad es mi aliada,
a mis preconseptos de burguesa asustada...

arraigada a no ser como el avestruz
que  esconde la cabeza,
a antiguas memorias escurriéndose en adoquines abrillantados...

arraigada a la quinta esencia,
a lo que arranca,
al inexorable devenir de los sucesos,
a sus bellos pretextos que juegan con mi muerte,
arraigada a mis yoes,
 a mi espacio,
a ser esto que soy,
dentro de lo que deseo ser... 
 
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