Siempre olvidamos que debemos olvidar;

olvida la rama, que oyó al ave cantar

y ahora le extraña y le llama

pero nunca le ve regresar;

olvida un corazón en sueño

que al despertar no tiene dueño

y en la espera puede naufragar.

Y sin embargo, Olvida la rosa a la espina

que siempre hiere a quien le quiere tocar.

Olvidan los labios que tienen que olvidar

un beso divino que nunca debió llegar.

Olvida que no debe recordar

la piel sedienta de sus manos al tocar.

Empero, se olvida la sensación de un amor

puro, loco y aunque acorazado

único entre mil ha naufragado…
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