MUJERES CELOSAS A LAS 3 Y 55.
(Diálogos incoherentes entre un águila y una gallina.)
 
UNA BANCA DE PARQUE CON UN FAROL APAGADO AL LADO, UN RELOJ PARADO A LAS 3:55. EN EL FONDO. SE ESCUCHAN SONIDOS DE TRENES QUE PASAN.
 
EL DESPACHADOR OBSERVA EL RELOJ, LO COMPARA CON EL SUYO.
 
Despachador:             3 y 55 de la madrugada. Bien.
 
EN OFF LA VOZ DE CALIXTA.
 
Calixta.                        ¿Y cuánto tiempo tengo que esperar? ¡Estoy agotada, llevo dos minutos esperando! (El despachador sale de escena.) ¡Usted no sabe quién soy yo, a mí me respeta!... ¿Por aquí, está seguro?... ¿Cómo se que es mi tren?... Ah, el tren sabe quién soy. Así me gusta (Sonido de arpa, entra Calixta elegantísima, halando una maleta verde grande y fina, con neceser en la mano, bolso y pava en la cabeza. dueña y señora se explaya en la banca, saca el espejo, se  maquilla, y dice:)  Mepe dupu-epe-lenpe lopos pipi-epes. (Se da cuenta que esta hablando raro.) ¿Quépe espe-toypoy dipi-cipi-enpen-dopo? ¡Ohpo! (Se trata de cambiar de zapatos, saca miles de cosas de su maleta entretanto oímos a Abigail en off.)
 
Abigail en off:             No se preocupe yo tengo todo el tiempo del mundo… ¿Equipaje?  Únicamente de mano. Gracias. (Entra. suena el arpa. Revisa el lugar.  Mira el reloj. Suspira. Observa a Calixta que esta terminando de recoger las cosas. Abigail muy acomedidamente se ofrece a ayudarla aguardar sus cosas) ¡Achay  seche leche rochom-pichi-ocho lacha macha-leche-tacha!
 
Calixta:                       ¿Quepe?
 
Abigail:                       ¡Seche leche rochom-pichi-ocho lacha macha-leche-tacha! (Quedan paralizadas porque no entienden lo que está pasando, Abigail mira hacia fuera y sale. suena el arpa. off) ¡Señor, ¿por qué allá afuera se me escucha tan rara la voz?!...
 
Despachador:              (Entra seguido por Abigail y prende  el farol.) La luz les ayuda a entenderse.
 
Abigail:                       Ah, bueno…, gracias.
 
Despachador:              Con gusto. (Las mira, sonríe levemente y sale.)
 
Calixta:                       Yo pensé que me estaba volviendo loca.
 
Abigail:                       ¿Se le rompió la maleta, le ayudo a recoger?
 
Calixta:                       ¡Quieta, no toque mis cosas! Nadie toca lo mío, ¿entendió? Además mi maleta no se rompe, es de marca: Victorio & Luchino, para que sepa. No ponga un dedo sobre mis cosas.
 
Abigail:                       Tranquila, no hay problema. Recoja sus cosas, no las toco.
 
Calixta:                        ¿Qué recoja mis cosas? ¿Usted me esta ordenando a mí? ¿Qué le pasa? Ubíquese.
 
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Abigail:                       Disculpe, solo quería ayudar.
 
Calixta:                        Hay personas en el mundo, que lo mejor que pueden hacer es no ayudar, dañan todo. A propósito, a ver… ¿Usted qué hace aquí?
 
Abigail:                       Lo mismo que usted.
 
Calixta:                        ¿Perdón?
 
Abigail:                       Espero el tren. Por eso le pido que recoja sus cosas, quiero sentarme, ahí cabemos las dos.
 
Calixta:                        ¿Qué? Vamos por partes. Primero que todo, yo no quepo, yo ocupo, lleno el lugar, el espacio, ¿comprende? Por otro lado, ¿Usted esta tratando de decirme que está esperando mí tren? ¿Y que quiere sentarse aquí a mí lado, en mí silla?...
 
Abigail:                       Si.
 
Calixta:                        No, esto no puede ser, usted no puede estar en el mismo lugar que yo, es el agua y el aceite, es imposible, es más yo no debería estar hablando con usted, esto es una pesadilla.
 
Abigail:                       ¿Por qué?
 
Calixta:                        Porqué. ¿Cómo que por qué?... Es obvio. Mire yo no quiero ofenderla, y la verdad no sé si la gente como usted se ofende, pero usted debe estar en el lugar equivocado, mire, se lo voy a demostrar… Huela.
 
Abigail:                       ¿Qué?
 
Calixta:                        Huela, aspire, inhale, absorba el aroma que yo emano, que yo expelo. (Abigail la huele.) ¡Ah…!
 
Abigail:                       Si…, huele, fuerte…, penetrante… un buen pachulí.
 
Calixta:                        ¡Horror! ¡Esto es el infierno! ¿Pachulí?... ¡Bruta!
 
Abigail:                       Ignorante, que es diferente, porque de bruta ni un pelo.
 
Calixta:                        ¿Cómo dice tamaña bestialidad? ¿Se da cuenta, porque digo que usted y yo, no podemos ni siquiera respirar el mismo aire? Lo que acaba de oler es el perfume más caro del mundo: Imperial Majesty de la fragancia del diseñador británico Clive Christian, No.1 Women, empacado en frasco de cristal de Baccarat, con diamantes blancos incrustados y fragmentos de oro de dieciocho quilates. 136.000 euros el frasco. ¿Ah?
 
Abigail:                       ¿Cuánto es eso en pesos?
 
Calixta:                        476 millones.
 
Abigail:                       Con eso hubiera vivido toda mi vida. Huela… (Calixta la huele con reticencia. no le gusta.) Mentícol. 3.600 pesos, con atomizador.
 
Calixta:                        ¡Me niego, esto es lo más espantoso que he visto, retiren este monstruo de vista!
 
Abigail:                       Más bien retire todos sus corotos de la banca que quiero sentarme. (Coge algunas cosas de la banca y las tira al suelo.) Estoy cansada.
 
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Calixta:                        (Explotando. recoge sus cosas.) ¡No haga eso, no se atreva a maltratar mi ropa, mi ropita!... Esto no es ropa, es vida, es mi estilo de vida, es lo que soy. Esta blusa es un tesoro, duré siete horas y treinta y cinco minutos escogiéndola, no es blanca, tampoco habana, es perfecta, la estrené el día de su cumpleaños… (Se eleva por unos segundos, hace el gesto de secarse  algunas lágrimas.) ¡Luis Carlos, ¿cómo pudiste?!... (Vuelve.) ¿Cómo se atreve a votar mis cosas al suelo? ¿Cómo se atreve a sentarse en mí banca? Yo llegue primero. Párese de ahí. Usted no tiene porque estar aquí, está es mí estación, donde tengo que esperar mí tren, usted no tiene nada que hacer aquí. ¡Váyase!
 
Abigail.                       Me encantaría, pero no puedo, su tren también es mí tren y tengo que tomarlo.
 
Calixta:                        ¿No puede esperar otro? Mire yo le compro otro tiquete, pero déjeme sola, no lo tome a mal, pero no me gusta la gente como usted, es tan primaria, tan básica, tan de solo vivir para comer, trabajar y reproducirse como conejos. La verdad no soporto la gente pobre, es como tan rara. No quiero ofenderla, pero la gente como usted me da alergia, salpullido…
 
Abigail:                       ¿Y a ésta qué le dio?
 
Calixta:                        Son como tan conformistas…, buscan becas, zapatos de barata, comida revuelta y grasosa, esperando que Dios les solucione todos los problemas… Atraen todas las calamidades. Son terribles, no se me acerque. A metros. ¿Dónde ocurren las inundaciones?... Donde los pobres. ¿Los terremotos, los derrumbes?... Donde los pobres. Las masacres, las hambrunas, los desplazamientos, la lástima… Donde los pobres… ¿Quiénes van a la guerra?... No es por nada y se lo digo sin rencor, ese mal que usted padece, es horrible. Y de verdad me aterra. ¿Entiende, por qué no puedo compartir, este lugar, ni el tren, ni nada con usted? Su enfermedad es horrible: ¡Pobreza, uy!... ¿Comprende?...
 
Abigail:                       La verdad no se si tenerle lástima o detestarla, ¿cómo puede decir en tampoco tiempo tantas bestialidades?... La verdad si sé. Jamás se ha preguntado ¿a costa de qué y de quienes su vida es limpia y cómoda, verdad?
 
Calixta:                        ¿Para qué?
 
Abigail:                       Tiene razón: ¿Para qué molestarse en eso? ¿Para qué detenerse a pensar en toda la gente que vive metiendo las manos en su porquería, para que usted se conserve limpia?
 
Calixta:                        ¿Usted es comunista?
 
Abigail:                       No.
 
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Calixta:                        Porque si lo es, está muy pasada de moda. Miré como dejó mi ropa. No entiendo porque me hacen esperar. Es la primera vez que espero tanto… Parece comunista o socialista dice cosas tan absurdas.
 
Abigail:                       ¿Le parece absurdo pensar en los demás, pensar que todos los seres humanos son iguales y que tienen derecho al respeto y a una vida digna?
 
Calixta:                        ¿Quién dijo eso?
 
Abigail:                       Jesucristo.
 
Calixta:                        Pensé que había sido el Che, Fidel o uno de esos revolucionarios locos que en aras de la igualdad someten a otros a punta de fusil, pero si lo dijo Jesucristo, le queda bien, al fin de al cabo el es Dios y no necesita nada.
 
Abigail:                       ¡Increíble! ¡No puedo creer que existan personas como usted!
 
Calixta:                        Obvio, usted ni siquiera puede sospechar de la existencia de seres como yo, estamos tan lejos.
 
Abigail:                       Claro que estamos lejos, la gente como usted se pavonea por todo el mundo, indiferente al dolor, al hambre, a la enfermedad. Lo que personas como usted reciben en un día podría solucionar las penurias de una población entera, pero no se les da la gana, eso es todo, ustedes se alimentan de la miseria humana, sin ella no serían nada. Me enfurece su descaro, su insensibilidad, su forma de vida.
 
Calixta:                        Lo único malo de mi forma de vida es que usted no la tiene, ni la tendrá. Por eso me ataca tanto.
 
Abigail:                       Me avergonzaría ser como usted, pensar como usted. Si quisiera podría hacer todo la plata del mundo, pero esa no es mi meta, yo tengo ideales, sueños, la esperanza de un mundo mejor para todos, la gente como usted vive en otro mundo, en un mundo desproporcionado, egoísta.
 
Calixta:                        Gracias al egoísmo de la gente como yo, las personas como usted comen, tiene ideales, son resentidos, sueñan y tienen la esperanza de un mundo mejor… ¿Podría levantarse que me quiero sentar?
 
Abigail:                       Siéntese ahí si quiere. (Calixta se sienta al borde de la banca muy digna, silencio. se cruzan miradas. suspiran) ¿Ya vio el reloj?
 
Calixta:                        Si, ordinario y de mala calidad. No anda.
 
                                    ESPERAN SIN HACER NADA. PASA EL DESPACHADOR CON UN TRAPERO Y VUELVE A SALIR. SILENCIO. SE LEVANTAN A UN TIEMPO MIRAN SI VIENE EL TREN. SE MIRAN Y SE SIENTAN.
 
Abigail:                       ¿Qué haría usted si fuera yo?
 
Calixta:                        ¿Qué?
 
Abigail:                       Piénselo…
 
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Calixta:                        Imposible… Le esta pidiendo a un águila que piense como una gallina.
 
Abigail.                       ¿Es que usted no se cansa de ofender?
 
Calixta:                        Yo no la ofendo usted se ofende. Padece del síndrome del taxista.
 
Abigail:                       ¿Y ahora cuál es ese?
 
Calixta:                        Se lo voy a explicar: algunas veces  salgo a pasear por la ciudad en mi Ferrari rojo, exclusivo, que me regalo Luis Carlos de navidad…
 
Abigail:                       ¡Otra vez el marrano a la huerta! ¿Por qué no puede decir, salgo en mi carro a pasear?
 
Calixta:                        Porque un carro es cualquier cosa, en cambio: mi Ferrari rojo, exclusivo, que me regalo Luis Carlos de navidad, es todo un acontecimiento. ¿Va entiendo?
 
Abigail:                       Continúe.
 
Calixta:                        Bien: algunas veces  salgo a pasear por la ciudad en mi Ferrari rojo, exclusivo, que me regalo Luis Carlos de navidad, al acercarme a un semáforo que está en rojo desacelero. Cuando el semáforo está en rojo una debe parar.
 
Abigail:                       Hasta yo se eso.
 
Calixta:                        Me alegra. En ese preciso instante, un carrito de esos amarillos, pequeñito horrible, se me atraviesa intempestivamente para cambiar de carril, me sorprendo, freno un poco y dejo rodar mi Ferrari hasta la cebra, bajo el vidrio y le digo al energúmeno: ¡Taxista! El tipo furibundo me grita: ¡Vieja hijue tantas… más taxista será su madre!... Ese es el síndrome del taxista: La peor ofensa es decirle lo que es. Es lo que le pasa a usted y a su gente, se ofenden por todo, se avergüenzan de lo que son, pero, ¿qué culpa tiene la estaca si el sapo salta y se estaca? ¿Yo escogí sus trabajos? No, entonces ¿por qué se ofenden si se les llama por su nombre? Ejemplos: taxista, albañil, sirvienta, mensajero, celador, secretaria, asistente, aseadora, mecánico, obrero, carpintero. Definitivamente ustedes los populares, tienen un problema crónico de identidad.
 
Abigail:                       No es de identidad, es el tonito lo que ofende.
 
Calixta:                        ¿Cuál tonito? A nosotros nos llaman en todos los tonos y no nos ofendemos: (Repite cada palabra en diferentes  tonos e intenciones.) Doctora, señora, ingeniero, empresario, industrial, banquero, en fin, las cosas son así. Eso si, los nombres que nos dimos son más estéticos y siento que no tuvimos consideración con los que les pusimos a ustedes. ¡Sirvienta!... Es simpático. ¡Albañil!... Es gracioso. La gente, la chusma; la chusma, la gente. ¿Comprende?
 
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Abigail:                       Eso no es justo, es ofensivo. El mundo no se limita a sus deseos, a lo que usted  concibe en su limitado cerebro.
 
Calixta:                        A ver cerebro de genio, ya que quiere hablar de lo justo y lo injusto, respóndame una simple pregunta:
 
Abigail:                       Pregunte generosa y compasiva dama.
 
Calixta:                        ¿Para que se inventaron la justicia?
 
Abigail:                       ¡Genial! Definitivamente sus cuestionamientos son tan profundos y tan subterráneos, tanto, que me sorprende que no haya crecido en su rostro esa barba gris que identifica a los sabios. A propósito, ¿Cuál es su nombre?
 
Calixta:                        Para usted, señora Calixta. ¿Y el suyo?...
 
Abigail:                       Abigail.
 
Calixta:                        ¡Qué nombrecito! Es lo que yo digo, desde que nacen sus propios padres los condenan al escarnio público.
 
Abigail:                       ¿Le parece muy feo mi nombre?
 
Calixta.                        No mucho, pero hay unos que me parecen horrendos.
 
Abigail:                       ¿Cómo cuáles?
 
Calixta:                        Clotilde, Concepción, Clorinda, Florinda, Celso… Ayúdeme.
 
Abigail:                       Custodio, Custodia, Martirio, Milagros, Frígida…
 
Calixta:                        Erigida, Milton, Leidy, Heidy, Shirley, Brígida…
 
Abigail:                       Brunella,  Bruneta, Epaminondas, John Kennedy, Cuenequndo…
 
Calixta.                        ¿Cuene…, qué?
 
Abigail:                       … qundo.
 
Calixta:                        (Se ríe.) No es posible, nadie se puede llamar Cuenequndo… Parece un insulto.
 
Abigail:                       Yo conocí uno.
 
Calixta:                        Mentira.
 
Abigail:                       Verdad… me casé con él.
 
Calixta:                        ¡No!
 
Abigail:                       Si…
 
Calixta:                        ¿Cómo alguien en sus cinco sentidos se puede enamorar de Cuenequndo?... La señora de Cuenequndo. No pega.
 
Abigail:                       Cuando una se enamora pierde la razón.
 
Calixta:                        Eso será en lo único que nos parecemos. Pero Cuenequndo, ese nombre atrae problemas. “¿Cuenequndo acepta a Abigail por esposa?”. Debió ser divertido.
 
Abigail:                       Mucho, nos reímos siempre, le preguntaban el nombre dos veces y el sonriente aclaraba: No es cornudo, es Cuenequndo y no es porque sea inmundo.
 
Calixta:                        Debió ser terrible. A mi sinceramente me domina el sentido de la estética y el buen gusto, yo al menos le hubiera cambiado el nombre.
 
Abigail:                       Lo importante es el hombre. Y era un hombre maravilloso.
 
Calixta:                        Hasta que se cansó. Todos se cansan. Por eso es importante la chequera, porque es mejor triste con plata, que triste en la calle.
 
Abigail:                       El dinero no lo es todo.
 
Calixta:                        No, pero consuela.
 
Abigail:                       A veces no.
 
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Calixta:                        Quisiera conocer ese caso. Lo malo de ustedes los pobres es que se juntan como animales, al puro instinto, se olvidan que son humanos y los humanos cambian de parecer. Invierten su única riqueza, que me imagino que es la vida, porque no les veo más, sin respaldo alguno; y así hacen con todas las cosas de la vida, son desprendidos generosos… Bueno, cualquiera es generoso cuando no tiene nada.
 
Abigail:                       Eso no es cierto, existen los sentimientos.
 
Calixta:                        Oh, me olvidaba que ustedes se alimentan de amor y vallenato. Discúlpeme…
 
Abigail:                       Usted me produce lástima.
 
Calixta:                        Realmente me inquieta que una mujer que usa Mentícol para perfumarse, sienta compasión por mi desventura.
 
Abigail:                       Usted no conoce el amor.
 
Calixta:                        ¿Qué puede saber una gallinita insignificante de lo que piensa el águila en medio de su esplendoroso vuelo?
 
Abigail:                       Talvez el águila se siente muy sola en medio de su esplendor.
 
Calixta:                        Posiblemente, pero eso no le incumbe a la gallina.
 
Abigail:                       Probablemente no, aunque a veces la ve tan triste surcando los cielos. Tan sola gritando su dolor en medio de las gigantescas montañas, buscando desesperada un poquito de compañía, pero no puede conseguirla, porque sus filudas garras maltratan todo lo que toca, aunque no quiera.
 
Calixta:                        ¡Basta!... Entonces, ¿Fueron felices el gallo Cuenequndo y su gallinita Abigail?
 
Abigail:                       Por un largo tiempo.
 
Calixta:                        ¿Qué pasó?
 
Abigail:                       Se cansó de aceptar que lo que yo creía que era mejor para él, era lo mejor para él.
 
Calixta:                        ¿Puedo decirle Abi?
 
Abigail:                       Como quiera.
 
Calixta:                        ¡Por eso es que ustedes lo pobres me molestan!
 
Abigail:                       ¿Y ahora que hice?
 
Calixta:                        Y lo peor es que ni se dan cuenta, por eso es que yo digo que no tienen derecho a quejarse, entregan todo con una facilidad pasmosa, por eso es siempre les quitan todo.
 
Abigail:                       ¿Qué pasó?
 
Calixta:                        Por eso es que se mueren y lo único que han hecho es soñar, pero se lo merecen, adoran la tragedia.
 
Abigail:                       ¿De qué está hablando, Calixta?
 
Calixta:                        Señora, Calixta para usted.
 
Abigail:                       Esta bien, señora Calixta.
 
Calixta:                        ¿Se dio cuenta?
 
Abigail:                       ¿De qué?
 
Calixta:                        Mire: Yo le quito la mitad de su nombre y a usted no le importa, usted me quita el señora y yo no se lo permito.
 
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Abigail:                       Para mi eso carece de importancia. Que me diga Abi o Abigail en que me afecta.
 
Calixta:                        ¿Cómo así que en qué la afecta?... La gallina aspira a ser sancocho y el águila a dominar los Andes. No hay posibilidad de comunicación entre usted y yo. Me niego a hablarle. (Adopta una posición digna y calla. Abigail lo toma medio en broma y se propone fastidiarla, después de un instante.)
 
Abigail:                       Me parece lo mejor, porque ya me tenía fastidiada con sus teorías de diferencias de clase y sus decadentes y absurdas argumentaciones. Pero ahora me va a oír: Usted está convencida que todos tenemos que besarle los pies y rendirle pleitesía. Pero somos la misma vaina, la diferencia está en que usted se dedica a cuidar más cosas que yo. Pero en cuanto a lo que verdaderamente nos importa somos lo mismo. ¿Y qué es lo que verdaderamente nos importa?...
 
Calixta:                        ¡Jem!
 
Abigail:                       El amor. Es lo que nos inspira, es a la larga por lo único que estamos dispuestas a todo, y cuando digo todo es todo. ¿Y qué es todo?... Eso, todo lo que estamos dispuestas a hacer por tener nuestro hombre, empezando por educarlos, porque las madres en venganza por lo que les tocó vivir, nos los entregan hechos un desastre… Cuenequndo, por ejemplo, lo conocí cuando era un hombrecito silencioso y pensativo, que abría la boca para decir cosas que invitaban a pensar, un tipo con ideales…
 
Calixta:                        ¡Ja!
 
Abigail:                       Si, eso me enamoro, tenía sueños loables, generosos, se reía de sí mismo, de su nombre; muchos se llaman Pedro, José, Juan, pero, ¿cuántos se pueden llamar Cuenequndo?... Muy pocos, casi ninguno, él lo sabía y lo aprovechaba muy bien. Siempre supo que ese nombre lo hacía único, yo llegue a pensar que lo llamaron así por venganza, pero con el tiempo me dí cuenta, que ese nombre lo arrancaba del montón, él lo sabía y lo aprovechaba. Lo que no sabía era ser hombre.
 
Calixta:                        Aja.
 
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Abigail:                       No, no estoy diciendo que era afeminado, lo que digo es que el celo con que algunas mujeres crían  a sus hijos, los convierten fácilmente en maravillosos hijos, pero pésimos hombres… “Mi bebe, tiene novias, tan lindo mi bebe, se emborrachó con los amiguitos y vomitaron la sala, tan bello mi muchacho, entra a orinar y moja el bizcocho, tiene unas ocurrencias, las muchachas están locas por él, tanto que se turna con una en la sala y con otra en la cocina. ¡Es un don Juan! ¿Qué tal esa perra, ahora dice que está embarazada de mi nene? ¡Aprovechada, infeliz! Mi bebe es incapaz de algo así”… Y Cuenequndo tuvo su señora madre. Todos la tienen, y si ellos la tienen, nosotras tenemos suegras. Aunque hay suegras de suegras, muy pocas piensan en la nuera. La nuera es una intrusa, una mujer de menor categoría que pretende algo, todo, menos, amar su hijo, porque al bebe solo lo puede amar mamá. No existe mujer que pueda amar de verdad como mamá. La nuera es casquifloja, flaca, gorda, bruta, de malas costumbres, mal educada y cochina, la nuera no es una mujer, es un engendro diabólico que quiere arrebatarle el fruto de sus entrañas, el que ella ha cuidado sin descanso día tras día, para que ésa, se lo lleve de su lado y le robe el tiempo que tan solo ella se merece. La nuera es lo peor de lo peor, no ama al bebe, se aprovecha de él, lo hace sufrir, lo explota, lo traiciona, le hace cosas horribles. Y como mi bebe no es como su padre, porque es noble, de buenos sentimientos, fiel y romántico, la bruja esa se aprovecha y lo quiere separar de mi lado. ¡Yo no lo voy a permitir! ¿Cómo voy a permitir que una desconocida se lleve lo mejor que tengo? Mí bebe.
 
Calixta:                        ¡Ja, ja!
 
Abigail:                       Jamás he entendido, ¿por qué algunas mujeres educan a sus hijos para que maltraten a otras mujeres?... Los miman y los consienten de una manera tan exagerada que los inutilizan, los anulan. Y ahí es cuando entra la terrible y perversa nuera a reconstruir ese hombre confundido e inseguro.
 
Calixta:                        (Cantando.) Los pollitos dicen: Pío, pío, pío, cuanto tienen hambre, cuando tienen frío, la gallina busca el maíz y el trigo, les da comida y les presta abrigo, bajo sus dos alas acurrucaditos, hasta el otro día, duermen los pollitos.
 
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Abigail:                       Ese hombre obligado a demostrar que es hombre. Ante los amigos, las mujeres, ante un grupo de personas igual de confundidas, que hablan de valores, ética, lealtad, honestidad, transparencia…, porque están absolutamente seguras que carecen de estos valores.
 
 
 
 
 
ACTO II.
 
OSCURO. MUSICA. “QUE TE IMPORTA QUE TE AME SI TU NO ME QUIETRES YA”, (Bebo & Cigala) EL TELÓN ABRE LENTAMENTE PARA DESCUBRIR EN EL CENTRO UNA BANCA DE PARQUE Y UN FARO PRENDIDO, EN ELLA ESTA ABIGAIL SOLLOSANDO, TEJE, A SU LADO HAY UNA MALETA. LLORA MÁS FUERTE. ENTRA CALIXTA CON SU MALETA TRATANDO DE RECONOCER EL LUGAR. ABIGAIL DEJA DE LLORAR Y LE REGALA UNA LEVE SONRISA. CALIXTA LA MIRA CON DESDEN Y SE SIENTA DEJANDO LA MALETA  A SU LADO. ABIGAIL CONTINÚA TEJIENDO. CALIXTA MIRA LA LABOR DE ABIGAIL. LA MUSICA SE VA LENTAMENTE.
 
Abigail:                          Es un saco… Para mi marido… Es para que se lo ponga en las noches para ver televisión.
 
Calixta:                           No me interesa       .
 
Abigail:                          Podrías ser más amable.
 
Calixta:                           ¿Por qué?
 
Abigail:                          No  sé, por educación.
 
Calixta:                           ¿Con quién?
 
Abigail:                          Pues  conmigo o con cualquier persona, es lo mínimo que un ser humano le puede brindar a otro.
 
Calixta:                           ¿En serio?
 
Abigail:                          (Irónica) No, en broma.
 
Calixta:                           Bien… ¿Qué haces aquí?
 
Abigail:                          Espero.
 
Calixta:                           ¿Hace mucho?
 
Abigail:                          Bastante.
 
Calixta:                           Mm.… (Observando a ver si viene.) ¿Tardará mucho?
 
Abigail:                          No sé.
 
Calixta:                     ¡Estoy furiosa!... No entiendo porque los hombres son así, el cerebro no les pasa de la cintura
 
Abigail:                          Son niños.
 
Calixta:                           ¿Niños?... Penes que caminan.
 
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Abigail:                          Pobrecillos. No se hayan. Se pasan la vida tratando de  probar que son lo que creen que son. Nadie les cree, pero ellos insisten: Nacen hombres y tienen que probar todos los días que lo son; cuando sienten amor por alguien, creen que eso basta para que ese alguien se les entregue en cuerpo y alma; no disfrutan el sexo porque en lugar de hacerlo, buscan el reconocimiento a su hombría: “-¡Estuviste increíble!-”; cuando su proeza no es aplaudida, se sienten frustrados; si son infieles son elogiados y si son traicionados son cornudos, pobrecillos… Tienen muchos problemas buscando ser reconocidos y admirados, porque lo que ven en el espejo cada mañana siempre es menos que lo que otro posee, y eso no les permite ser felices. Ser hombre es desear la casa del prójimo, el carro del prójimo, la chequera del prójimo, el empleo del prójimo, la mujer del prójimo. Niños tratando de quitarle los juguetes a otros niños y cuando lo logran, no saben que hacer con ellos, ni para que los quieren. Su verdadera pasión es ver a veintidós hombres en pantaloneta correr tras un balón, por eso hasta se matan en las calles y arman carnaval. La consigna es poseer y nosotras somos  los trofeos.
 
Calixta:                           ¿Y nosotras qué?
 
Abigail:                          Los inventamos… ¿Qué es lo que quieres de un hombre?
 
Calixta:                           Nada… Que sea amable, caballero, trabajador, detallista, viril, sincero, responsable, churro, buen amante, que me transporte a la luna y vuelva y me baje, que no me trate de cambiar, buen conversador…
 
Abigail:                          ¡Divertido, tierno, machote, que baile, atlético, creativo, inteligente, que huela a rico, fiel!...
 
Las dos:                          (Después de un silencio)… ¡Eso no existe!...
 
Calixta:                           Miguel dice que hay dos tipos de mujeres las feas y las encamables.
 
Abigail:                          Que forma tan grotesca de expresarse… Yo creo que no existen mujeres feas… Todo depende quién las mire… Y todas se encaman, se encamaron o se encamaran. ¿No te parece?
 
Calixta:                           Lo que yo crea no importa , estoy contando lo que dice Miguel.
 
Abigail:                          Es un idiota.
 
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Calixta:                           Ya lo sé. Y que de estos dos tipos hay otros dos: Las celosas y las intensas. Que la línea que divide a las feas de las encamables es clara, pero la de las celosas y las intensas es muy delgada, que si una mujer celosa ve que su hombre echa una miradita, se molesta, pero no dice nada, una intensa te reclama; una mujer celosa se puede molestar porque estas pegado a la televisión viendo fútbol, una intensa te quita el control y pone la novela; la celosa te manda mensajes de amor al celular y te pregunta como estás, la intensa te llama directamente preguntándote donde diablos estás y que carajos estás haciendo, la celosa, cuando llegas tarde a casa te pregunta: ¿Dónde estabas?… La intensa, no te deja entrar cuando ya te esta acusando: ¿Con qué perdida estaba, desgraciado?, y te huele, te examina, te empelota como si fueras semental de casta; la celosa cree que su hombre le puede gustar a algunas mujeres, la intensa esta convencida que todas las viejas se mueren por él. Y lo peor es que me dice intensa… ¿A mí?...
 
Abigail:                          ¿Solo eso?...
 
Calixta:                           Celosa… ¡Arpía celosa, intensa!... ¿Y que quería que hiciera el infeliz? Al principio miente, en el medio miente y al final miente… ¡Siempre miente!...
 
Abigail:                          Todos mienten, es como si la mentira se les pegara cuando les crecen las pelotas... Es muy triste. Y creen que todo lo arreglan pidiendo perdón; perdón por que me embriague, perdón por el labial en el borde de la camisa, no me di cuenta, perdón por idiotizarse con cuanto trasero con silicona pasa por su lado, ¡no!... ¿Acaso creen que una es de palo?... ¡Qué falta de respeto!... No sé porque le estoy tejiendo el saco…
 
Calixta:                           Por estúpida.
 
Abigail:                          Tienes razón, no tejo más, que se muera de frío viendo televisión, ya está. (Deja el tejido)
 
 
Calixta:                           ¿Sabes qué es lo que más me crispa?
 
Abigail:                          ¿Qué?
 
Calixta:                           Que  a pesar que se pasan toda la vida mintiendo, no aprenden… Siempre se caen por algún lado.
 
Abigail:                          Eso no es increíble. Lo increíble es que una les sigue creyendo, cuando se arrodillan y dicen: “Tu eres la mujer de mi vida cásate conmigo”.
 
Calixta:                           “¡Oh, mi amor claro que si!”… Respondemos con los ojos iluminados de la emoción…
 
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Abigail:                          Ese “si” nos condena a vivir arrodilladas: limpiando pisos, cuidando ropa, cocinando. Eso de cocinar es una tortura, no por el hecho de cocinar, sino por la terrible pregunta que hay que hacerse cada mañana… ¿Qué hago hoy?...
 
Calixta:                           Eso es lo peor: pollo, carne, pescado o lata de atún, papa frita francesa o chips, cocinada con pellejo o blanca, en ensalada o puré…
 
Abigail:                          Sancocho, ajiaco, cuchuco, sopa de verduras, cremas Maggi o sopa de arroz, arroz blanco, atollado, con pollo o camarones…
 
Calixta:                           Ensaladas de lechuga, tomate y cebolla, en vinagreta o salsa rosada, verduras, frijoles blancos o rojos, garbanzos, lentejas, alverjas en sus una y mil preparaciones…
 
Abigail:                          Postre de natas, arequipe, papayuela, queso con bocadillo, islas flotantes o dulce de icaco…
 
Calixta:                           Y eso sin contar las pastas, macarrones, canelones, raviolis, raviolini, tallarines, tortelinis, tortelloni, tortellini y cuantos “inis” se han inventado, sin olvidar la lasaña…
 
Abigail:                          El vino, el jugo, la gaseosa o el agua de tubo.
 
Calixta:                           Y todo esto para que cuando el tipo llegue del trabajo y le preguntes: ¿Te sirvo la comida? Y el infeliz responda: “- No, gracias, en la oficina pedimos comida china-.”
 
Abigail:                          ¡No hay derecho!... A veces me pregunto si es mejor ser la amante o la esposa.
 
Calixta:                           Eso tiene sus aristas: La esposa se cree la única, la perra sabe la existencia de la ilusa…
 
Abigail:                          La señora es la señora, la otra es “la puta esa”…
 
Calixta:                           La señora es la de mostrar, va a las reuniones familiares, a la casa del jefe, al colegio de los hijos, a la opera, grados, matrimonios, velorios, premiaciones, a las vacaciones prepagadas y sexo dosificado; además no importa que tenga orgasmos, porque es la dueña de la mitad.
 
Abigail:                          “      La puta esa” es el secreto, va a moteles, bares de mariachis, discotecas, restaurantes, viajes de negocios, estrena lencería cada tercer día, sexo apasionado con alta posibilidad de uno que otro orgasmo, porque vive en aparta estudio pagado con la mitad de una.
 
Calixta:                           Ahí esta el problema no es el titulo, es el género, y el sexo.
 
Abigail:                          El sexo.
 
Calixta:                           ¿Te fue mal?
 
Abigail:                          Mal, lo que se dice mal, no, pero bien, lo que se dice bien, tampoco.
 
Calixta:                           Es increíble lo que hay que hacer para que se sientan bien.
 
Abigail:                          Es divertido. ¿Alguna vez te tocó que no…?
 
Calixta:                           ¿No qué?
 
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Abigail:                          Pues no, nada.
 
Calixta:                           Ah, claro, eso es tragedia. No para una, el pobre busca salvarse como sea: (Imitando al hombre) -Es la primera vez que me ocurre algo así-.
 
Abigail:                          No te preocupes, esas cosas pasan.
 
Calixta:                           A mi no, jamás me había pasado.
 
Abigail:                     Tal vez tuviste un día muy pesado y el palo no esta para cucharas.
 
Calixta:                           Mi palo no tiene nada. Eso no tiene nada que ver, lo que ocurre es que tu no haces lo suficiente, tienes que estimularme, ayudarme.
 
Abigail:                          El pito no te funciona y es culpa mía.
 
Calixta:                           No me funciona contigo, que eso es diferente. Tú deberías hacer algo para estimular mis sentidos.
 
Abigail:                          ¿Los sentidos?... El sentido será…
 
Calixta:                           Bueno, el sentido. ¡Has algo!
 
Abigail:                          ¿Algo? ¿Cómo qué?
 
Calixta:                           No se, tu eres la mujer, estimúlame… ¿O es que quieres a otro?... ¡Claro eso es! ¡Ajá! Por eso es que no funciona como siempre, el sabe aunque no lo creas. Me estas traicionando, por eso es que no quiere, él entiende,  el es sensible y sufre, sufre tanto que la depresión, no lo deja levantar.
 
Abigail:                          ¿Depresión? ¿Al pito le da depresión?
 
Calixta:                           No te burles de mí, mujer. Esto es grave y si pasa una vez, puede pasar otra y todo es por tú culpa.
 
Abigail:                          ¿Mi culpa?
 
Calixta:                           Claro, no haces lo que una mujer de verdad debe hacer por su hombre.
 
Abigail:                          ¿Y se podría saber qué es lo que hace una mujer de verdad por su hombre?
 
Calixta:                           No sé. Tú eres la mujer.
 
Abigail:                          Te estoy tejiendo un suéter.
 
Calixta:                           ¿Un suéter? ¿Qué tiene que ver un suéter con la moral de mi pito?
 
Abigail:                          Es una muestra de cariño.
 
Calixta:                           Yo no necesito muestras de cariño, lo que necesito es pasión, lo que quiero es sentirme hombre otra vez, y si éste no funciona, no es culpa mía, es tuya, así que esfuérzate un poco o tendremos que separarnos.
 
Abigail:                          Espera un momento. ¿Me vas a dejar porque tu cosita no funciona?
 
Calixta:                           ¡Ah, cosita! ¿Es que es muy poquito para tu apetito? Entonces has probado muchas cosotas.
 
Abigail:                          No quise decir eso, lo que quiero decir es que nuestro matrimonio no puede depender de estos accidentes.
 
Calixta:                           Ningún accidente, pues para que lo sepas muchas han dicho que yo soy una fiera en la cama.
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Abigail:                         ¿Ah, sí? ¿Muchas…?
 
Las dos:                          ¡Ajá!
 
Calixta:                           Quiero decir antes de nuestro matrimonio… Y ahí es donde se tiran todo, una no pregunta, pero su “alfa machismo” es más fuerte.
 
Abigail:                          Y lo único que queda es, si se le levanta la cosita, es:…
 
Las dos:                          ¡Fingir!
 
Abigail:                          ¿Cómo lo haces?
 
Calixta:                           Bueno, eso tiene variantes, pero mi toque es más o menos así: ¡Ah, ah, ah! (IMPROVISACIÓN APASIONADA)
 
Abigail:                          Mi final es distinto, espera te muestro: ¡Ah, ah, ah! (LO HACE Y AL ACABAR SE RIEN) ¿No será inmoral?...
 
Calixta:                           ¡Qué! Todas lo hacen… (AL PUBLICO) ¿O no? (PAUSA)
 
Abigail:                          Pobrecitos no se dan cuenta, dependen tanto de su cosita, aunque crean que es  cosota, se les olvida lo importante.
 
Calixta:                           ¿Qué?
 
Abigail:                          ¡Fidelidad!
 
Calixta:                           ¿Por eso estas aquí?
 
Abigail:                          Si… ¿Y tú?
 
Calixta:                           También… ¿qué pasó?
 
Abigail:                          Nada.
 
Calixta:                           Perfecto.
 
                                       DEPUES DE UN SILENCIO INCOMODO. ABIGAIL MIRA A VER SI LLEGA EL TREN.
 
Abigail:                          ¿Se demorará mucho?
 
Calixta:                           A lo mejor.
 
Abigail:                          Aunque una se haya pasado la vida esperando, esperar cansa.
 
Calixta:                           Si.
 
Abigail:                          ¿Cómo me ves?
 
Calixta:                           No entiendo la pregunta.
 
Abigail:                          Es simple. Me ves, ¿y en qué piensas?... ¿Qué ves?
 
Calixta:                           Una mujer.
 
Abigail:                          Y…
 
Calixta:                           ¿Y qué?
 
Abigail:                          ¿Cómo me ves, me ves y qué piensas?
 
Calixta:                           No, pues una mujer madura, con vida a cuestas, experiencias, que apostó su vida al lado de un hombre tanto que aún le teje sacos, con experiencias buenas y malas, insatisfecha, la verdad.
 
Abigail:                          ¿Doy esa impresión?
 
Calixta:                           La verdad, si.
 
Abigail:                          ¿Llegaste a pensar que alguna vez fui joven?
 
Calixta:                           No. Se supone pero no se nota.
 
Abigail:                          No se nota, claro, no se puede notar: celulitis, varice, partos, arrugas, patas de gallina, menopausia, tareas para volver a estudiar sumas, restas, geografía, historia con cada hijo, no se puede notar que este cuerpo fue joven, atrevido, sexy, apasionado, brutal.
 
Calixta:                           ¿Brutal?
 
Abigail:                          Claro, apasionada, en estas carnecitas explotaba la vida, mi vida.
 
Calixta:                           ¿Explotaba?
 
Abigail:                          Si… Bomba atómica que arrasaba mis moléculas por dentro y ¡bum! ¡Locura, frenesí!
 
Calixta:                           ¿Frenesí?
 
Abigail:                          ¿Sabes lo que es frenesí?
 
Calixta:                           ¿Por qué?
 
Abigail:                          ¿Sabes o no?
 
Calixta:                           Es como desbocarse.
 
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Abigail:                          ¿Desbocarse?... No, querida, eso es explorarse, reinventarse, es… Mira es algo como así: (ABIGAIL SE QUEDA MIRANDO UN PUNTO FIJO Y SUSPIRA) ¡Ahhhh!...
 
Calixta:                           … ¿Qué?...
 
Abigail:                          ¿No lo sentiste?
 
Calixta:                           ¿El mal aliento?
 
Abigail:                          Así como eres de agresiva, eres de lenta…, mira frenesí es… ¿En serio no has sentido frenesí?
 
Calixta:                           Pues no sé, es que la palabrita me confunde; explícame un poco, porque las mismas palabras normalmente representan cosas distintas…
 
Abigail:                          No creo eso. Todo es igual.
 
Calixta:                           Te lo voy a demostrar, te digo una palabra y me dices lo primero que llegue a la mente… ¿Lista?
 
Abigail:                          OK. Pero yo también pregunto.
 
Calixta:                           De acuerdo… Calle.
 
Abigail:                          Peligro… Calle.
 
Calixta:                           Libertad… Esquina.
 
Abigail:                          Duda… Esquina.
Calixta:                           Cita… Noche.
 
Abigail:                          Descanso… Noche.
 
Calixta:                           Amor… Cama.
 
Abigail:                          Sueño… Cama.
 
Calixta:                           Sexo… Sexo.
 
Abigail:                          Frenesí… Sexo.
 
Calixta:                           Un polvo… Frenesí.
 
Abigail:                          ¡Un polvazo!... Frenesí.
 
Calixta:                           Orgasmo.
 
Abigail:                          ¿Está claro?
 
Calixta:                           Clarísimo… ¿Muchos frenesís?...
 
Abigail:                          Últimamente no tantos, la verdad, hace ratico que los frenesís están de vacaciones.
 
Calixta:                           ¿Desde cuando?
 
Abigail:                          Pues no recuerdo, posiblemente desde que nació el primer hijo… No, después la cosa estuvo bien frenética… No sabría decirte. Quizás cuando compramos nuestra primera casa… ¡No! La celebración fue de locura: En los cuartos, los pisos, los baños, el lavadero, la tina, el patio…, la chimenea…
 
Calixta:                           ¿La chimenea?
 
Abigail:                          ¿Nunca lo hiciste en la chimenea?
 
Calixta:                           No se me ocurre cómo, bueno si se me ocurre, pero corro el riesgo de quemarme las pestañas…  ¿Qué pasó?
 
Abigail:                          Lo que siempre pasa, los ojos y los malos pensamientos cambian de rumbo, una envejece y las otras embellecen.
 
Calixta:                           Los hombres cuando se miran al espejo no se ven, ven lo que se imaginan que son.
 
Abigail:                          Están convencidos que las que envejecemos somos nosotras.
 
Calixta:                           Y se les olvida que nuestra juventud la invertimos en ellos.  No les importa.
 
Abigail:                          Yo creo que si, al manos a papu, si.
 
Calixta:                           ¿Le dices papu?
 
Abigail:                          De cariño, ¿porqué?
 
Calixta:                           No, por nada.
 
Abigail:                          Te decía que a papu, si le importa lo que hemos vivido                , una noche llego con sus copitas, prendió el equipo y no le funcionó, entonces empezó a gritar: ¡Mamu, mamu!...
 
Calixta:                           ¿Te dice mamu?
 
Abigail:                          Si, ¿por qué?
 
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Calixta:                           No, por nada… Entonces gritó, mamu…
 
Abigail:                          Yo baje y le dije: - ¿Qué pasa, papu?-  Algo muy grave-. Me respondió dejándose caer sobre el sillón. Realmente me preocupé, no lo veía así desde que Fernandito nos dejó, para ser alpinista, imagínate dejar su carrera de contador, para subir y bajar montañas; bueno el caso es que levantó su cara y me miró, con esos ojitos de perro regañado que pone cuando no sabe qué hacer y me dijo como si la vida acabara:- Mamu, el equipo no funciona.- Mire el equipo y pensé: tan raro. Sabía que estaba bien pues la muchacha que hace el aseo lo había usado mientras hacía los quehaceres. Así que me acerque para ver lo que le pasaba, espiche el power y no prendió. Papu – le dije- no prende. Al verlo me dí cuenta que estaba embelesado con mi trasero. Lo mire como preguntándole lo que pensaba… Sonrió levemente y dijo intentando halagar: No ha cambiado mucho desde que me enamore de él…
 
Calixta:                           ¿Se enamoró de tu trasero?
 
Abigail:                          Eso mismo le pregunté: ¿Te enamoraste de mi trasero?...
 
Calixta:                           ¿Y qué te dijo?
 
Abigail:                          Si.
 
Calixta:                           ¿Se enamoró, se casó y tuvo hijos con un culo?
 
Abigail:                          Eso dije yo.
 
Calixta:                           ¿Y qué te dijo?
 
Abigail:                          Suspiró, se recostó en el sillón y fascinado con la imagen que seguramente pasó por su mente, habló:- De tu hermoso culo, y aquí me tienes, después de 20 años desconectando el equipo para poder ver tu trasero tal y como me enamore de él, casual desprevenido, sin pretensiones, definitivamente eres mi chica-. ¿No te parece romántico?
 
Calixta:                           Pues si. Otros comen mocos.
 
Abigail:                          ¿No te parece tierno?
 
Calixta:                           Me parece horrendo, una no es un culo.
 
Abigail:                          Claro que no, nosotras sabemos que no, pero ellos no piensan así. ¿Qué es lo que quiere un hombre de una mujer?
 
Calixta:                           ¿Mamá, qué es lo que quiere el negro?
 
Abigail:                          Ahí tienes, yo creo que todo parte del deseo y de saberlo mantener, que les cueste trabajo y esfuerzo, puede que se enamoren de tu trasero, ahora de ti depende que para conseguirlo te conozcan sepan quién eres, si el interés se mantiene y tu lo quieres les das el premio.
 
Calixta:                           Parece una formula matemática.
 
Abigail:                          Es psicología del comportamiento. Creo que nos quejamos demasiado, “soldado avisado no muere en guerra”.
 
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Calixta:                           Pero es que hay unas perras que dedican su vida a joder a las otras, no es sino que la vean a una feliz, para que quieran probar si es tan bueno lo que se tiene. Y aprovechándose de lo que quiere el negro, se cagan en todo y después se largan a joder a otras, no las soporto, me provoca cogerlas de las tetas y zarandearlas para que aprendan.
 
Abigail:                          Que tal las suavecitas, las que no rompen un plato: Hola ¿cómo estás, que has hecho?... Yo bien, gracias… Je-je-je. Tan gracioso…
 
Calixta:                           Esas son espantosas, se acuestan con medio país y siguen vírgenes…
 
Abigail:                          No olvides las perras mártires.
 
Calixta:                           ¡Esas son un suceso!... (EN EL ROL DE LA MUJER.) Mi papá dejó a mi mamá por otra y como a mi mamá le tocó trabajar…
 
Abigail:                          (EN EL MISMO ROL.)Yo tuve que cuidar a mis 18 hermanitos, me levantaba a las cuatro de la mañana a preparar el desayuno, mi mamita, pobrecita, trabajaba todos los días hasta tarde para darnos lo necesario…
 
Calixta:                           … Yo tenía que ayudarla, apoyarla, bañaba y vestía a mis hermanitos, les ayudaba a hacer las tareas, hasta qué un día…
 
Abigail:                          Un terrible día, mi santa madre se enamoró de un hombre malo, un hombre que le prometió el cielo y la tierra, mi madrecita le creyó…
 
Calixta:                           Ese malvado se fue a vivir con nosotros y una tarde, mientras mis 20 hermanitos estaban estudiando…
 
Abigail:                          ¿No eran 18?
 
Calixta:                           La mamá era una coneja… (RETOMANDO.) Mientras mis 20 hermanitos estaban estudiando y mi santa madrecita trabajando, o sea: Yo sola, el solo y la casa sola.
 
Abigail:                          Entonces él se me acercó y me respiró en la nuca…
 
Calixta:                           ¿En al nuca?
 
Abigail:                          Si, mientras yo estaba lavando la loza, me abrazó por la cintura y me susurro al oído…
 
Calixta:                           (HACIENDO EL ROL DEL TIPO) ¡Quieta cachorra, si no haces lo quiero, le digo a tu madrecita que la abandono, porque tu intentaste seducirme y yo soy incapaz de hacerle eso a la mujer que amo!
 
Abigail:                          ¿Yo, cómo…?
 
Calixta:                           No juegues, nena, estás sin calzones siempre que estamos solos, mostrándome todo lo que hay debajo de esa faldita.
 
Abigail:                          ¿Yo?... No diga eso, señor.
 
Calixta:                           Hoy estas sin cuquitos y ayer también…
 
Abigail:                          Lo que pasa es que con estos inviernos la ropa no se seca, señor.
 
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Calixta:                           Bueno, cachorrita, a matar la culebra.
 
Abigail:                          No, señor, por favor no… ¡No, no, no, si, digo,nooooo!... Y así perdí mi inocencia. No le dije nada a mi madrecita santa, pero tuve que dejar mi hogar por culpa de ese energúmeno del cual mi mamá se enamoró. Salí a enfrentar el mundo y gracias a generosos caballeros y a sus caritativas esposas, poco a poco he ido saliendo adelante, pero sigo solita y sin amor… Snif, snif.
 
Calixta:                           ¡Perra desvergonzada! Así es como le paga el diablo a quién bien le sirve…
 
Abigail:                          ¡Malditas! Se aprovechan de la compasión humana para quitarte tu hombre. Pero hay muchas quita-hombres y de todos los estilos… Si tu hombre después de los 50 te pide el depilador de pestañas… Inquiétate.
 
Calixta:                           Si se inscribe en un gimnasio y compra ipod Apple shuffle dos gigas lila cromado, dizque para oír música mientras hace ejercicio… alármate.
 
Abigail:                          Si abandona el póker de los sábados en la noche para madrugar a la ciclo vía el domingo… Preocúpate.
 
Calixta:                           Si prefiere la ropa deportiva a la corbata, usa gafas oscuras los días de lluvia, adquirió cierto tumbadito al caminar, canturrea “cuando nadie me ve, no me limita la piel” de Alejandro Sanz y se le escapa la frasecita: La juventud se contagia… ¡Irrítate!
 
Abigail:                          ¡Enfurécete, patalea!
 
Las dos:                          ¡Ese desgraciado tiene moza!... ¡Con siliconas y joven!
 
Calixta:                           (ROL DE GOMELITA) Sabes que, yo los prefiero maduros y con matrimonio estable, salen poco, te dan todo, hacen lo que quieres…
 
Abigail:                          (LO MISMO) Y con un, “papito eres el único”, se les olvidan los celos.
 
Calixta:                           ¡Perras, perras! ¡Gozándose a mí marido con mí plata!
 
Abigail:                          (CANTURREA) Cada camino que piso, me lleva hacia él
Ninguno de mis cinco sentidos, Se olvida después
Entre las cosas que hago, y las que digo
Va siempre conmigo, es mi sombra fiel.
 
Calixta:                           (COMO ENTRANDO EN LA CANCIÓN) No es ningún juego de niños, estar como estoy
No como, no duermo, no vivo, pensando en su amor
Las dos:                         (CANTANDO MÁS) Siempre creí que los celos, eran un cuento
                                       y son el infierno, que arde sin control.
                                      Quien me lo iba a decir
                                       Que también a mi me robaría la razón…
 ENTRA LA MUSICA CON LA VOZ DE PAULINA RUBIO.      EN MÍO, ETC. ELLAS CANTAN CON ELLA  Y SE ARMA  EL SHOW.
                                       Mio, ese hombre es mío,
Página 20
A medias pero mío, mío, mío.
Para siempre mío,
Ni te le acerques es mío.
Con otra pero mío, mío, mío.
Ese hombre es mío.
Soy una leona en celo dispuesta a luchar
Con tal de defender lo que quiero, morir o matar
La vida no vale nada, cuando  quien amas
Va matando sueños, en tu corazón.
Se que seria feliz
Si un día por fin, el me eligiera a mí...
Mio, ese hombre es mío,
A medias pero mío, mío, mío.
Para siempre mío,
Ni te le acerques es mío.
Con otra pero mío, mío, mío.
Ese hombre es mío.
Nada ni nadie me lo quitara
Nada en el mundo nos separara....
                                       OJO AL EDITAR QUITAR SAXO DE LA PISTA
Mío, ese hombre es mío,
A medias pero mío, mío, mío.
Para siempre mío,
Ni te le acerques es mío.
Con otra pero mío, mío, mío.
Ese hombre es mío.
 
                                       SE RIEN, SE ABRAZAN, EL SHOW FUE MUY DIVERTIDO Y AGITADO, POCO A POCO CADA UNA SE QUEDA EN SUS PENSAMIENTOS
 
Calixta:                           (DESPUÉS DE UN SILENCIO) ¿Si será que alguna vez fue mío?
 
Abigail:                          Yo también quisiera creer que fue y es mío. ¿Qué te pasó?
 
Calixta:                           ¿Tardará mucho?
 
Abigail:                          ¿Por qué carajos los tipos no pueden decir no?
 
Despachador:                 ¿Están listas?
 
Abigail:                          ¿Para qué?
 
Despachador:                 Parece que no se han dado cuenta, a las 3 y 55, usted iba a alta velocidad en su vehiculo.
 
Calixto:                           Yo no tengo vehiculo, yo tengo el ferrari rojo que me regalo luis carlos
 
Despachador:                 Correcto, iba muy enojada con Luis Carlos. (Por Abigail.) Y usted estaba herida con Cuenecundo. El Ferrarri iba rápido, usted estaba distraida, y…
 
Las dos:                          ¿Estamos muertas?
 
Despachador:                 Si.
 
Abigail:                          ¿Usted me mató?
 
Calixta:                           Usted hizo que me matara.
 
Despachador:                 Los celos.
 
Las dos:                          ¡Qué idiotas!
 
Despachador:                 Si ustedes lo dicen. ¡Ya viene!
 
                                       SE ESCUCHA UN TREN ACERCANDOSE.
                                       RECOGEN EL EQUIPAJE, JUEGO DE LUCES, PASA EL TREN, OSCURO. LUZ. ESCENARIO VACIO. OSCURO.
                                              
                                       FIN .
 
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