Moraima de la frontera
Moraima de la frontera
espigada y decidida
nombre que evoca tragedia
auxilio y acometida
Tu naciste en estos lares
allá, en la cordillera
y a sus albores eternos
fuiste nueva primavera
La historia cuenta de tí,
de un vaso de agua entregado
en mano de San Martín
al verle el paso cruzando
Nadie dice lo ocurrido
en ese tiempo lejano
cuando al regresar herido
le besaste tu las manos
Tampoco cuenta la crónica
como abrigaste ese cuerpo
cuando huyendo a Mendoza
iba el singular guerrero
Moraima de Sudamérica
tan valiente como mora
con corazón y belleza
dignas de un puesto en la historia
Dicen que no eras morena
Moraima de la frontera
y que de tus manos llenas
se derramaba la hiedra
que eras de ojos muy claros
como el agua de la acequia
y que en ellos se prendó
espada, alma y guerrera
el hombre de piel y huesos
que luchara por América
del que hoy tan sólo quedan
estatuas que lo recuerdan
Era ya 1820 cuando llega
y esta vez no fue de agua la entrega
pero iba hacia Lima
cumpliendo meta y carrera
y tu quedaste en lo alto
de la fría cordillera
entre Santiago y Mendoza
Moraima de la frontera
Nunca más se habló de ti
pues la gloria es traicionera
no hay monumento o estatua
que proclame tu leyenda
Fuiste una mujer más
olvidada en esa guerra
sólo San Martín lo supo
que eras de fuego, y de hiedra
espigada y decidida
nombre que evoca tragedia
auxilio y acometida
Tu naciste en estos lares
allá, en la cordillera
y a sus albores eternos
fuiste nueva primavera
La historia cuenta de tí,
de un vaso de agua entregado
en mano de San Martín
al verle el paso cruzando
Nadie dice lo ocurrido
en ese tiempo lejano
cuando al regresar herido
le besaste tu las manos
Tampoco cuenta la crónica
como abrigaste ese cuerpo
cuando huyendo a Mendoza
iba el singular guerrero
Moraima de Sudamérica
tan valiente como mora
con corazón y belleza
dignas de un puesto en la historia
Dicen que no eras morena
Moraima de la frontera
y que de tus manos llenas
se derramaba la hiedra
que eras de ojos muy claros
como el agua de la acequia
y que en ellos se prendó
espada, alma y guerrera
el hombre de piel y huesos
que luchara por América
del que hoy tan sólo quedan
estatuas que lo recuerdan
Era ya 1820 cuando llega
y esta vez no fue de agua la entrega
pero iba hacia Lima
cumpliendo meta y carrera
y tu quedaste en lo alto
de la fría cordillera
entre Santiago y Mendoza
Moraima de la frontera
Nunca más se habló de ti
pues la gloria es traicionera
no hay monumento o estatua
que proclame tu leyenda
Fuiste una mujer más
olvidada en esa guerra
sólo San Martín lo supo
que eras de fuego, y de hiedra
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