Los demonios proveyeron a la Bella con la perdición de besos fatales. Ese aliento ganó muchos valientes varones para los infiernos. Pronto llego una mujer, y otra, y otra... y otra. Al final solo bellas mujeres eran deportadas a las sempiternas llamas.
- ¿ Y los hombres qué?-, le preguntaron los emisarios de Mefistófeles.
- El sexo de las almas es irrelevante para los intereces del Maligno,- argullo la Bella- en cambio aquí, en este mundo, me es más importante para mí la veneración de los machos, que la indiferencia o la competencia de las hembras.

 
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