Voy en picada a la nada;
aquello que depare este futuro incierto.
Me siento en el barranco del olvido,
en las manos del destino.
 
Caigo en picada a la nada;
eso que depare este futuro ausente.
Falto de oportunidades busco,
y en lo que podría dejo mi esperanza.
 
Declino sobre el barranco inaudito;
no tolero las opciones,
pues soy convicto de cauciones dirigidas.
Me revuelco en el barranco como la pelota de un niño.
 
Caigo a cuestas del destino perverso,
y no ofrezco consistencias;
más fuerzas me faltan para frenar,
este tiempo que no elijo.
 
Caigo hacia un precipicio anunciado;
y solo me dejo llevar;
más nada puedo hacer para sortear,
las alturas que no evito.
 
 
Caigo en picada a la nada,
como salido de un laberinto.
Caigo advirtiéndolo todo.
Caigo en forma de suicidio.
 
Caigo al despeñadero inalcanzable;
sin nada de espera,
sin nada de viaje.
 
Caigo hacia el futuro que me eligen,
caigo hasta este ingenuo genocidio,
más caigo donde caen todos;
caigo en forma de suplicio.
 
Desde el barranco lo advierto;
no hay salida,
más fuerzas no tengo,
para encubrir mi caída.
 
Desde el barranco lo advierto,
ustedes muertos me esperan.
Y en la caída me sueño.
Mi alma no viene conmigo.
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