Mente enrejada
Su mente era un lugar confuso y enrejado. Tenía unas cercas que parecía que llegaban al cielo. Tenían picos en las puntas, y estaban rodeadas de alambres de púas. Ella jamás había dejado que nadie sobrepasara esas rejas; aunque a veces esas rejas sí bajaron un poco, sí redujeron su tamaño; pero luego volvieron a la normalidad. Ella no quería que nadie traspasara a ese lugar prohibido para cualquiera que no fuera ella; nadie. Muchos intentaron adentrarse por muchos medios, pero ninguno lo logró; la reja nunca bajó por completo.
Hasta que un día alguien llegó hasta donde estaba la reja. Se fue acercando lentamente a ella, se quedó parado junto a ella, y lentamente posó sus dedos sobre ella, instantáneamente ésta se rompió; se rompió por completo. La persona sonrió, y dio unos pasos hacia dentro; luego abrió la boca y dijo:
- Vamos, mi amor; no tengas miedo. Acá estoy. Y ella sonrió, una lágrima calló lentamente de sus ojos, y lo abrazó; como nunca antes había abrazado a nadie en su vida. Y él le susurró:
- No vas a estar sola nunca más.
Hasta que un día alguien llegó hasta donde estaba la reja. Se fue acercando lentamente a ella, se quedó parado junto a ella, y lentamente posó sus dedos sobre ella, instantáneamente ésta se rompió; se rompió por completo. La persona sonrió, y dio unos pasos hacia dentro; luego abrió la boca y dijo:
- Vamos, mi amor; no tengas miedo. Acá estoy. Y ella sonrió, una lágrima calló lentamente de sus ojos, y lo abrazó; como nunca antes había abrazado a nadie en su vida. Y él le susurró:
- No vas a estar sola nunca más.
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