Marrakechs 16 octubre 2016
Calles más que estrechas, farolas que cuelgan de pasadizos, bonjour en esquinas sin esquina, más colores de los que pueden admirar los ojos, alimentos que despiertan paladares, olores aromas que luchan por descubrir su procedencia, lagrimas que no acaban de correr, emociones en constante incertidumbre, incertidumbres que hacen sentir, sentir la humedad de los ojos, ojos descubridores, exploradores del movimiento, las formas, la prisa y a la vez la tranquilidad de tomar con parsimonia, con ritos y protocolos un té de menta a las puertas de la Medina; Medina amurallada, muralla defensora del viento, de la arena del desierto, desierto peligroso en su seguridad, seguridad que transmiten los ojos de un bebe, madre con pañuelo, pañuelos que quizá ocultan cabellos, cabelleras negras, sí, negras como una preciosa noche de luna sin luna, luna que guía mis pasos, tus pasos, los pasos de los pasos de toda la humanidad, pasos firmes, temblorosos, largos, cortos, atrevidos, pasos que solo buscan paz y tranquilidad, la tranquilidad que ofrece el bullicio, el movimiento, el ajetreo, velocidad de las almas que veo pasar; sigo aquí perdido y no me quiero encontrar si no es en tus ojos bonitos, como el más precioso mar.
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