Una vez más encuentro el entramado entre costuras de algo que no llega; un augurio mentolado, delicioso entre la esperanza y el provenir de mis cosenos y consignas. Iba a verte con la tersura de un sueño; con la sombra de un alar sin dueño. Sin reconocerte. Y te soñé vestida de relojes y patrañas; y te orillé a mudarme un cielo en el umbral de mis mejillas. De esos que no cesan al pescar de los regueros de los mandriles y las cabras que pelean por su suerte. A veces y sólo a veces, los cuervos descienden desde las tierras de las parcas, y engullan una claridad sin sombra. Ese porvenir de dulce de leche, albaricoque y sollozos conocidos; como una tempestad que arriba sin siquiera decirlo.
Mangos con Crema
14 de mayo de 2026·1 min de lectura
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