Una ración de sol diaria para los viejos chacales, ahora desdentados,
que se asombran de que sea tan corta mi falda
y murmuran entre si lo que yo deseo oir,
los viejos chacales, los conquistadores
de los bailes lejanos que dejaron colgadas músicas de rock
en las nubes voraces.
Se frotan las manos, nervudas, osáceas,
les tiemblan los labios, resecas veredas, tristes y azuladas,
que obsesivos mojan con sus lenguas blancas... me miran las piernas,
desearía que me las palparan, que dejaran en ellas sus manchas, sus huellas,
de viejos chacales. 
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