Cuando soy ciega
He cogido unas manos entre las mías y he sabido que algo iba a cambiar, que pasaba ante una mujer que no iba a detenerse donde las rayas rojas espantan hasta a las fieras. Cuando soy ciega percibo las sensaciones de un modo tan nítido que me asusta: Es cuando soy ciega que veo claro.
En cama de hospital, moribunda porque el cáncer se esparció como un coloso en mi pobre cuerpo, ella ha regresado de su retiro, del lugar donde se había escondido (un reducto íntimo junto a un río seco y lejos de los grandes palacios que la cercenaron de niña) y ha dejado caer su dulce voz como último lenitivo posible:
-Je suis ici et je ne partirai pas.
Hace años, cuando Lorelle dejó que sus manos reposaran en las mías supe que llegaríamos hasta el final. Es cuando soy ciega que veo claro.
En cama de hospital, moribunda porque el cáncer se esparció como un coloso en mi pobre cuerpo, ella ha regresado de su retiro, del lugar donde se había escondido (un reducto íntimo junto a un río seco y lejos de los grandes palacios que la cercenaron de niña) y ha dejado caer su dulce voz como último lenitivo posible:
-Je suis ici et je ne partirai pas.
Hace años, cuando Lorelle dejó que sus manos reposaran en las mías supe que llegaríamos hasta el final. Es cuando soy ciega que veo claro.
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