Y encarnizada la lucha comenzo con esquivos y golpes errados hasta que Ahharu potente golpe dio en mi pecho, con su garra, desgarrando mi malla de acero y llegando a la carne, que no sangraba.
Y fue que desperte del sueño por la mano de mi amigo, Sir marian que curaba la herida en mi pecho, sin saber que habia pasado. Solo me levante presuroso y en medio de la noche emprendimos, esta vez realmente lucha contra aquel oscuro. Las armas se enfundaron, los caballos se ensillaron y partimos los 102 hacia Ait Ben Haddou, armados del coraje, el acero y la templanza del señor.
Nuestros pechos enchidos, vieron la desolacion en aquel poblado de ventanas que se cerraban al paso de los Legionarios de la luz, pero incolumnes marchamos sabiendonos victoriosos aun en la derrota.
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