No soy el cuerpo que se apaga.
No soy la carne que se rinde.
Soy lo que tiembla en el airecuando alguien pronuncia mi nombre
y le duele.
Soy la risa que quedó
prendida en una pared,
el aroma de mi piel
en la almohada de otro.
Soy la palabra que no dije
y que igual floreció.
Cuando muera, no me busquen en la tierra.
Búsquenme en el hueco
que dejó mi mano en la suya.
Búsquenme en el silencio
que aprendieron a escuchar.
El alma no se va.
El alma se derrama.
Se vuelve lluvia en los que lloran,
viento en los que recuerdan,
semilla en los que siguen.
Nadie debería vivir sin memoria,
porque la memoria es el cielo
donde los muertos respiran.
Es el útero del alma.
Es la única eternidad
que no necesita dioses.
Yo no moriré del todo
mientras alguien me nombre
con los ojos cerrados.
Porque el alma, al final,
no es más que eso:
lo que queda cuando todo se ha ido,
y aun así,
sigue aquí,
ardiendo.
✦
Juan Carlos Rodríguez Soriano
Bitácora del Alma. Un refugio para las palabras.
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