No está por ningún lado. Una parte permanece petrificada ante la impaciencia de no poder ser, sin hallarse. Otra observa los acontecimientos en tercera persona, viendo como el oscuro personaje deambula con la cabeza a gachas y las manos en los bolsillos, dando pesados pasos que lo hunden mas, tratando de alcanzar su alma, antes de desarmarse del todo, o que la tierra termine de absorberlo. La última de las piezas yace postrada en aquel trono estéril y congelado, en la cima del pico más alto, asiendo con firmeza una espada para acabar con el mal y un escudo para proteger de los ataques mas fuertes que pudieran pretender dañar a su hálito de existencia. Al final, los indicios proclaman que cada parte convergerá donde está la última, sin poder hallar nunca la verdad ni formar una unidad, pero teniendo que ser sobre cualquier obstáculo "lo que debe ser".
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