Estoy en mi hogar contemporáneamente, pero en la tarde de abril, observo la cosa más magnifica, la lluvia, ese olor a petricor, el olor favorito mío, sí, ese olor es muy apacible.
Observo la lluvia que poco a poco se hace más densa, miro hacia la ventana derecha, lo cual, allí siempre está mi planta favorita, la cuido como si fuera lo más delicado sobre la faz de la tierra. Cuando veo detenidamente hacia el exterior, puedo observar claramente a Alice, una chica que me lleva a través de su mirada oscura hasta lo más hondo de mi corazón. Ella, una chica con voz educada y muy suave y pausada, manejaba un lenguaje sumamente elevado y fluido, por entonces ya escribía poemas y es una extraordinaria estudiante, me enteré hace poco que se está dedicando a la literatura.
Me la pasaba el día entero mirando hacia la ventana, necesito pensar, poner mis pensamientos en orden. Pero, si no salgo y le digo aunque sea una palabra, creo que la perderé.
Antes de salir me coloqué una camiseta de The Neighbourhood, unos pantalones negros, simples zapatos Converse y un gorro de lana gris, Víctor  está en la tarde de hoy muy sofisticado.
Salí y me dirigí hacia ella, estoy muy nervioso, soy totalmente tímido, inocente y apartado de  toda la maldad existente.
Así que, llegué y le dije:
-Hola, Alice. –Le dije temblando.
-Hola, Víctor, ¿Qué te trae por aquí? –Dijo.
-Nada, nada… bueno, quería contemplar la lluvia de una mejor manera, ¿y tú?
-Pues, siempre enfrío los problemas.  –Dijo Alice.
-¿Cómo, cómo así señorita?
-Nada, olvídelo.
-¿Quieres pasar a mi casa? –Dijo Víctor con una mirada un poco pícara.
-Sí, claro señorito, por qué no. –Contestó.
Entramos a mi casa, y no sé qué decirle, necesito entrar en conversación.
-Así que… ¿Qué te gusta hacer, Alice? –Preguntó Víctor.
-Me dedico a leer poesía, explorar el mundo, me fascinan las enciclopedias, amo el cine, es mi pasión, escuchar buena música, escribir y pensar, me gusta pensar.
Hubo un silencio y nos miramos directamente a los ojos, yo para buscar la verdad en ellos y ella para mostrármela.
-¿A usted? –Dijo Alice, interrumpiendo el silencio.
-Eh, pues… me gusta escuchar el sonido de la lluvia, me dedico a escribir también, todas las tardes observo el atardecer, el cual está en un degrade de colores, y cuando todo lo demás falla, renuncio y voy a la biblioteca.
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-Eres, eres totalmente interesante señorito, quién iba a saber que eres muy intelectual, ¡joder! y además de eso, un señorito de alta categoría, lo digo porque hoy en día, nadie disfruta de las grandes maravillas que nos ofrece el mundo, como el atardecer, la lluvia, las bibliotecas, los libros, ellos son como una ventana hacia la imaginación, donde te concentras profundamente, leemos pausadamente, disfrutamos de la buena ortografía, resaltamos lo que nos gusta ¡cómo no amarlos! –Dijo Alice, un poco inspirada.
-Saliendo del tema señorita Alice, ¿Qué te sucede? –Preguntó Víctor muy interesado en la respuesta.
-Me siento cansada de todo, más de mí que de todo. –Contestó.
-¿Por qué? Si eres una maravilla, ¡ay!, qué pena. –Dijo sonrojado.
-No, tranquilo Víctor, qué apacible eres.
-Enserio dime, quiero saber mucho más de esta chica de ojos esquivos, solitaria y loca, la chica profundamente  sentimental, la que lucha por no dejar salir las lágrimas, saber por qué iba aumentando tu insomnio, el de herirte a punta de silencio, lo ida que eres, cuando hablas se ve que piensas en otras cosas, si es que puedes pensar.
-Vaya… ¿Cómo es que me conoces, Víctor?
-No sé, no sé señorita, el amor me acobarda y me aniquila. –Dijo.
-¿Cómo, cómo? –Dijo Alice, asombrada.
-Creo, creo, que ya tengo que… tengo que hacer un trabajo, adiós señorita.
-Pero… vale, hasta luego. –Dijo Alice con voz quebrada.
Víctor se refugió en su habitación a llorar, sí, los chicos también lloran, ni él sabía por qué lo estaba haciendo, tiene miedo de decirle a Alice todo lo que siente, tiene miedo a la respuesta, pero, ahora el que lucha por no dejar salir las lágrimas es Víctor, pobre Víctor.
Abrazado a la almohada sintió pasar nuevamente uno de los sentimientos que ella le había despertado, y con ellos volvieron las mariposas en el estómago, el frío en el pecho, la debilidad en las piernas, la desazón, el temblor en las manos, el vacío, las ganas de llorar, de vomitar y todos los síntomas que atacan la traición a los enamorados.
Alice llegó a su casa y su madre estaba llorando, su padre en su oficina, que se la pasaba todo el día leyendo sobre política, los demás estaban concentrados en lo suyo y Alice, abrumada.
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Ella, con un nudo en la garganta, se refugió en su habitación, ella ama su habitación, se refugió a llorar, a pensar en Víctor, y un amor despertó, un amor con secretos, con inocentes mariposas, ella, una enamorada sin esperanzas, es tan sensible que se vuelve más proclive al recuerdo de una mirada dulce que a la real posibilidad de una relación formal. No sabía qué hacer, no sabe cómo arreglar su vida, ella, comenzó a interesarse en escritores y poetas, vaya casualidad, ¡Víctor es todo un poeta!
Le sucede lo mismo, es una cobarde, no cabe duda que la mirada sutil de Víctor la condenó por siempre.
Agosto.
Han pasado cuatro meses que no he sabido nada de Alice, tengo  que decirle muchas cosas, no sé nada, se ha alejado tanto de mí, que llegará el día en que nos encontraremos… al otro lado de la luna.
Necesito buscar amparo en la poesía. –Dijo Víctor.
Víctor no sabía, Alice se había ido, como un nuevo comienzo, dejó escapar su próxima historia de amor que viviría o escribiría – o ambas –No le dio tiempo de decirle a dónde iba y el por qué, su misterio es maravilloso.
Octubre.
A Víctor le tocó seguir con su vida, una vida sin Alice, ya no hay estrellas en su noche. Víctor dice que los únicos que viven realmente el amor son aquellos que aman a personas que no serán para ellos.
Al finalizar el día, él escribió esto para ella.
Si supieras que te miro, te escucho, te sueño,
Sé que existes, que suspiras, que esperas mientras yo te encuentro en la rosas, en el viento, en los versos fluidos.
¿Vendrán tus párpados a disipar tu ausencia?
Te espero y al final solo viene la mañana, tan inmensa sin ti.
Hay veces que sueño mentiras para ocultar mis verdades, pero te juro que cruzaría la tierra preguntando si vendrás o si me dejarás esperándote por siempre…
Si le hubiera dicho que siempre pensaba en ella…
Éramos sólo dos buenos amigos que se abrieron sus vidas para mostrarse cómo eran, dos amigos que, y apenas hoy me doy cuenta, no podían vivir el uno sin el otro, y que de tanto estar juntos se volvieron imprescindibles, y uno de ellos quiso más de la cuenta, más de lo que una amistad permite, porque para que una amistad perdure todo se admite, menos que alguno la traicione metiéndole amor…
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Hasta pronto señorita, una señorita embellecida por una nube de tristeza, nos vemos en la otra vida, esto no es una despedida, no, esto está por comenzar, sé que te voy a encontrar.
 
 
 

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