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Las vueltas de la vida — Cuento de Juan Carlos Federico Gregorini | Textale

Las vueltas de la vida

Juan Carlos Federico Gregorini@Federico
15 feb 2009·2 min de lectura

Las vueltas de la vida

El rocicler, el primer rayo de día, hacia palidecer la oscuridad del firmamento lleno de estrellas, cuáles luciérnagas que con sus luces guían los pasos de quienes transitamos las calles de la ciudad tratando de vivir lo mejor que se pueda, tendría que decir: tratando de sobrevivir de la caridad de aquellos que van en sus lujosos automóviles hacia su cargada jornada laboral o de aquellos otros que caminan sin darse cuenta de que a sus costados hay seres humanos que sufren igual que ellos.
El rayo del disco solar me invita a iniciar mi día, sabiendo que en cualquier instante pasaría por mi casa -la calle -ella en su Mercedes color gris metálico. La historia se repite a diario.
Ya puedo vislumbrar su coche, que lentamente se va acercando hacia mí, es estacionado cerca de la acera, una de sus puertas se abre y baja una mujer de una deslumbrante belleza, dirige sus pasos hacia mi persona. Me hallaba acurrucado contra la pared tapado con frazadas viejas que me han regalado y en medio de ellas extiendo una mano para recibir lo que Margot -cuando estuvimos juntos su nombre era simplemente Margarita -la dádiva de una mujer que cree que esta comprometida con la realidad de muchos de los argentinos: la indigencia.
Este hecho siempre me hace pensar sobre el mismo tema : las vueltas de la vida. Hasta no hace mucho tiempo atrás yo tenía todo lo que un hombre podía desear: casas, autos, dinero (bien ganado), una gran empresa y una magnífica mujer a mi lado; debo confesar que he tenido el vicio del juego, que es más sucio que aquella mujer que me daba las monedas que le sobraba.
Ella me abandono a mi suerte cuando perdí todo gracias al juego y hoy me da limosna al pasar con desprecio e indeferencia como si yo para ella fuera un perfecto desconocido. Antes esto, esbozo mi mejor sonrisa agradeciendo su gran corazón y levantádome, con hambre, me voy al crotario, lugar al que también considero mi hogar.
Juan Carlos Federico Gregorini.
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Reflexión de un hombre que no tiene nada.

Escrito porJuan Carlos Federico GregoriniNULL
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