Eras mi presente, mi constante devenir.
Me pusiste una trampa de tormentos,
atesoraste lo inefable de mis besos…
 
Un día llegaste triste; –bajaron mis heridas-.
Mi frente se fue al cielo al perecerme…
 
Extraño y perdido no encuentro el cauce,
el abanico de ofrendas o los días cruzados.
 
Y ese estar fiel a tu lado y estrechar  los labios
ajenos, esos que tiene la muerte cuando ladra
porque tus sostenes han rotos las cadenas,
y mi boca remota termina acotando los silencios.
HERNAN ALEJANDRO LUNA FRINGES 09 de septiembre de 2014.
  

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