Se lamio las garras,
se mordió la cola.
El gato miró
el tejado,
miró la luna,
desapareció
de un salto.
El gato gris
se fue
en la noche,
en los dolientes coches…
El gato gris
se perdió
en la bruma,
entre borrachos
y prostitutas.
El gato gris
afiló las uñas;
se quedó
mirando
la ciudad
de los hombres,
se extasió
por un rato,
y pensó
que era mejor
ser un gato.
HERNAN ALEJANDRO LUNA FRINGES (1983).
 
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