A partir de esta publicación en adelante, no adentraremos en conocer un poco de la vida que se llevaba cuando distintos dictadores de países latinoamericanos los dirigían. En cada una de los siguientes posts, se mencionará un poco de la vida del protagonista de esa publicación y, además un reportaje de lo que se vivía como ciudadano de cada país. Iniciaremos esta cronología de dictaduras con Fulgencio Bautista. 
Fulgencio Batista y Zaldívar nacido en Banes, Oriente, Cuba, 16 de enero de 1901 y cuya defunción fue en Marbella, España Nacional, 6 de agosto de 1973. Batista, de procedencia humilde, ingresó en el ejército como soldado. Se superó en la institución hasta alcanzar el grado de sargento mayor, el más alto entre los alistados. Durante el gobierno de Gerardo Machado se afilió al ABC, organización a la que renunció al apartarse esta de la línea insurreccional y sumarse al gobierno mediacionista de Carlos Manuel de Céspedes.
Hablemos de sus acciones o intervensiones más importantes comenzando con el golpe de estado del 4 de septiembre, El 4 de septiembre de 1933, Batista quien se encontraba al frente de la Junta de los Ocho, ante la ausencia temporal de Pablo Rodríguez, se reunió en varias ocasiones con las clases y soldados del ejército en el Campamento de Columbia que llevaron al desconocimiento de la autoridad de la oficialidad y el control de las principales guarniciones de La Habana por los alistados.
A estos se les sumaron de inmediato otros efectivos del ejército, la Marina de Guerra y la Policía. Batista aprovechó la ausencia de Pablo Rodríguez para capitalizar el movimiento a favor suyo y hacerse cargo del Ejército. Con el apoyo del DEU, Pro Ley y Justicia y otras organizaciones políticas que no habían aceptado la Mediación los sublevados controlaron la capital y el país obligando a renunciar al presidente provisional Carlos Manuel de Céspedes.
Los sublevados se agruparon en la llamada Unión Militar Revolucionaria y lanzaron la "Proclama de la revolución al pueblo de Cuba", que firmaron los elementos civiles y un único militar, Fulgencio Batista. Este apareció en el documento como sargento jefe revolucionario de las Fuerzas Armadas de la República. De esa forma Fulgencio Batista desconoció la autoridad de Pablo Rodríguez como líder de la Junta de los Ocho, y aunque el mismo aparecía como jefe de la principal guarnición militar del país, los hombres que le rodeaban eran leales a Batista.
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El Gobierno de los cien días fue una lucha de tendencias, entre las que estaba la revolucionaria y antiimperialista liderada por Antonio Guiteras, caracterizó al nuevo régimen no reconocido por Estados Unidos y amenazado por sus buques de guerra frente a las costas de Cuba. urante el Gobierno de los Cien Días, Batista se fue apartando cada vez más de la línea moderada de Grau San Martín y la radical revolucionaria de Antonio Guiteras. Ordenó disparar a mansalva contra los participantes en el frustrado entierro de las cenizas del líder comunista Julio Antonio Mella, en septiembre de 1933 a pesar de que había sido autorizada por el gobierno.
El 2 de noviembre junto a Sergio Carbó se entrevistó con Carlos Prío Socarrás presidente de la Agrupación Revolucionaria de Cuba y exigió la renuncia de Grau para ceder el poder a Carlos Mendieta. Grau se opuso a la maniobra y Antonio Guiteras armó un comando para ejecutarlo en cuanto terminara la reunión en la que había planeado pedir la renuncia del presidente. Sin embargo, Batista logró convencer a Grau de su fidelidad al gobierno por lo que los hombres de Guiteras no llegaron a actuar. Después de esta crisis comenzó a tomar grandes medidas de seguridad personal y se pasó abiertamente a la reacción contrarrevolucionaria.
Al ser sustituido Sumner Welles por Jefferson Caffery, Batista se acercó al nuevo embajador y este aceptó la candidatura de Mendieta para presidente, manteniendo a Batista como jefe del ejército. Mendieta también aceptó la proposición del coronel.
Continuando con la dictadura de 1952, a escasos cuatro meses de las elecciones presidenciales, dio un golpe de Estado con el beneplácito de los Estados Unidos. Batista anunció que habrían elecciones en Cuba el 1 de noviembre de 1954. Levantó la censura de prensa y el 28 de octubre de 1953 finalizó el decreto que había suspendido las garantías constitucionales tras las acciones del 26 de julio de 1953. Al preguntársele si se presentaría como candidato presidencial se limitó a responder: “las uvas están verdes”. 
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En la última semana de julio de 1954 se anunció lo que toda Cuba sabía, que Batista sería candidato presidencial. El general Batista se presentaba como candidato de los cuatro partidos que habían apoyado el golpe de estado del 10 de marzo: Acción Democrática, Liberal, Demócrata y Radical. Como candidato único de la oposición participaría el expresidente Ramón Grau San Martín, quien esperaba capitalizar a su favor la antipatía general que el país sentía por Batista. Los comunistas no podrían participar en las elecciones por la negativa del Tribunal Supremo Electoral de inscribir el Frente Unido Nacional, nuevo partido bajo el que se agrupaban los ilegalizados marxistas cubanos[7]; los ortodoxos y los auténticos (en sus dos vertientes: los seguidores de Prío y de Aureliano) optaban por el retraimiento electoral ante la falta de garantías.
Solicitó entonces Batista licencia electoral, nombrando presidente provisional a su amigo Andrés Domingo Morales del Castillo y realizó un gran despliegue electoral, cerrando su campaña a finales de octubre con un gran acto en el Parque Central de La Habana. Grau, por su parte hizo lo mismo en Santiago de Cuba. El médico expresidente se había visto muy beneficiado por algunas campañas de voto negativo contra Batista, como la desarrollada por el Partido Socialista Popular. Sin embargo, el día 31 de octubre, ante las cámaras de la televisión el representante de Grau ante el Tribunal Supremo Electoral, Olba Benito denunció la ola de persecuciones y violencia desatada a lo largo de la Isla contra los simpatizantes de la candidatura de Grau y otros elementos antibatistianos. En un viraje de último minuto, Grau se sumó a la corriente abstencionista.
De esa forma Batista concurrió como candidato único de las elecciones presidenciales de noviembre de 1954 y resultó electo con 1 262 587 votos, la más alta cifra de la historia de las elecciones de la República de Cuba. 
En la primera semana de febrero de 1955 recibió Batista al vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, quien escalaba en Cuba, pues estaba inmerso en un recorrido por Centroamérica. La visita del político norteamericano significaba un espaldarazo de la administración norteamericana a la nueva situación política surgida en en la Isla.
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