Día que se quema
el viento corre
entre árboles de humo,
la flor en sombra se desdobla,
luz que habla dormida,
silencio de agua dulce.
Un instante muere,
otro nace.
Se cambian en lo oscuro
las estrellas,
escucha el aire,
relampaguea.
El pensamiento viene, va,
regresa,
no hay otra parte,
allá no es nada.
Aquí mi mano escribe
palabras que jugando a decirse
aparecen
pájaros en el cielo
de una sílaba.
Sueño,
camino de espejos,
mirada que al buscar
se hunde en el lago
de su propia imagen.
La noche es antigua
pero huele
a recién llovida
por los astros.
Dos voces
almas solas
doblan la esquina,
el amor en sus bocas
invisibles
se desgrana.
Qué son las horas
para los que se abrasan
lejos de la ciudad
sumergida,
a salvo
en la tierra de su cuerpo.
El deseo,
bandada de nubes,
verdad que en los ojos
se deshace.
Cierro la ventana.
El tiempo es una idea.
Yo no te recuerdo.
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