El tiempo se detuvo
sobre el campo ensangrentado
de la terrible batalla.
 
El tiempo se detuvo 
sobre el gemido de estertor
de los heridos y el llanto. 
 
El tiempo se detuvo
sobre el valle de los muertos
que entregaron su último suspiro.
 
El silencio agónico de la noche
extendió la pena y la desolación 
sobre los cientos de heridos.
 
Y en la fría madrugada recogieron
los lívidos cuerpos, las espadas ensangrentadas
y los cañones mortíferos.
 
El tiempo se detuvo
para enterrar a los muertos
en aquellos campos del sacrificio.
 
¿Fue ésta la última batalla?
No, nunca será la última batalla
entre los humanos estúpidos. 
                              E.G.M.
 
 
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