la tarde en que conocí a Fild 
 
[...] en su rostro los tonos oscuros, y opacos tambien,
delineaban los peñascos que se alzaban por encima de sus ojos pardos.
Verle, implicaba fantasear.
Parecia más un mapa deteriorado por las manos,
que por los años,
un viejo mapa que no te lleva a ningun lado.
 
verle a sus ojos era, masomenos,
como presenciar un voraz fuego
castigando a un arbol,
por tan solo no dar frutos. 
 
su mirada era muy triste.
observar su mirada, con cuidado,
suponia sentarse y esperar,
esperar y esperar 
por alguien que se supone debe llegar
mas no llega; y si llega, tarda.
Tenia esa mirada, aun lo recuerdo,
asi como cuando a lo lejos vemos venir
a aquella persona que estuvimos esperando,
y se acerca, y se acerca,
y se acerca cada vez mas,
hasta llegar a nosotros, mas sin embargo,
su mirada siempre esta esperando...
 
Me recordó a Bobby, el perro de papá.
 
Verle me afligia. Sentirle me asustaba,
pero, respiraba, eso le hacia normal,
supongo. 
 
Escucharle suponia leer sus palabras en el aire.
sus palabras flotaban. No se iban ni se quedaban.
 
Su expresion de sonrisa, en cuanto le hablé de Emily,
coloreó el momento con un tono cárdeno y hemorrágico, 
como si todo alrededor le produjiera dolor. 
Y supuse que le dolia mucho
asi que no dije nada. 
 
sus labios carecian de vida y parecia,
parecia que él tambien.
No lo sé. 

Los unicos trazos de libertad que vi,
a parte de sus escritos,
eran los de su cabello, flameando al viento,
como si tuvieran vida propia...
como si lo tuvieran... 
 
[...] le conoci una tarde taciturna de invierno,
mientras espiaba el mundo
a travez de un estanque de agua olvidada, 
mientras acariciaba el recuerdo envejecido
de un roble que se moría,
mientras el cielo se caia a pedazos
y todo el pueblo lo recogia 
y conversamos un poco, lo necesario
en menester del silencio
y del tiempo. 
 
 
 
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