LA PARTIDA
La única salida para el vapor de mi olla de presión, es jugar al dominó.
...quizá, en mi conjunto interno, es si apenas un recurso que me es válido:
- “Parecería que, a veces, solo vivo para jugar una partida...”
(El dominó, simple juego de poner fichas;
algunas veces, sirve para señalar, de modo plástico,
el movimiento generado para destruir un constructo ingenioso,
significado por el alineamiento de las piezas, en formaciones o caminos;
pues tocar una ficha y desatar la reacción en cadena que destruye un esfuerzo,
y de muchas horas, es la ejemplar muestra de la necedad del desocupado.)
- “A esa actividad, también se le conoce como Jobi...”
...pero jugar una partida entre cuatro, a la mexicana,
permite observar casi todas actitudes en las posibilidades del accionar humano;
pues la personalidad exhibe virtudes y defectos; expresa carencias y plenitudes;
exhibe ocultamientos y esconde enseños; anula el tiempo, matándolo momentáneamente...
- “Si un psicólogo observara a su paciente jugando dominó,
no sólo le ahorraría mucho tiempo, sino que, dinero...”
...Mamfred es el mejor jugador de dominó que conozco:
su modo de jugar es astuto, sagaz y cruelmente sobajante...
- “Es increíble, pero ahora que lo pienso,
así es con todo lo que determina su vida...
aunque pierde muy seguido, pues la inseguridad,
a pesar de su sapiencia, es su principal enemigo...”
...el reloj del quiero avisa, empujándonos con violencia:
Mamfred y yo nos dejamos llevar, sin reparar en nada más.
...es el olor relajante del viernes, sus cenas y cotorreos inocuos.
...despierta el voraz apetito de las papilas domineras de mi querido amigo.
(Con su sabiduría, en blanco y negro, acaba con la reflexión del quiero.)
- Profesor: ¡vámonos al dominó...!
- Sí, mano: ya es hora...
Desde hace no sé cuánto, la casa de Juan, pasó a ser nuestra taberna.
...allí platicamos, grillamos, imaginamos transas, negocios y más.
...el idioma catalán, ya se ha convertido en nuestra segunda lengua.
...todos usamos su pelado lenguaje verde con mucha propiedad.
- “Caray, no sé ni a qué hora, y menos cómo, empezó el relajo...”
...es algo sorprendente, fantástico y, verdaderamente satisfacedor...
...Juan, el Cabecita Blanca, y su Victoria, viven solos: no tienen hijos...
...trabajan como burros todo el día, excepto los sábados y domingos.
(Los dedican a comprar comida, cervezas y los cigarros de la semana.)
...y los viernes, después de las seis de la tarde, a esperar a los amigos.
...listos para jugar la partida de dominó, y lo mejor de todo: ¡cenar...!
...entre los ladridos borucosos de su perra pastor alemán, la Princesa (y lo es),
se alcanza a distinguir la gruesa, apagada y acuchillada voz del gran catalán.
(Nos recibe sin disimular su afecto apresurado y cabalmente emocionado.)
- ¡Hola, Pishtolita! páshale, Felixett...
- ¡Quihubo, Juanito! ¿qué hiciste para hoy...?
(Esa es la mejor pregunta para un diletante de la cocina....
permite una respuesta plena de satisfacción, gusto e interés.)
- ¡Un conejo de chuparshe los dedosh...!
primero unos camaronsitosh...
y lueguito una tortilla.
Y joder, pan con tomate...
El olor a la buena cocina, y el aire amistoso que se respira, con los Ginestá,
nos impregna del aroma del buen vivir y así como que dan ganas de relajarse...
- Páshale, Segi.
Vamosh a empezar antesh de que llegue alguien,
másh a másh, ashí eshtá muy bien la mesha, coyons...
- ...a darle que es para hoy; que salga la de totatolas.
- ...el que se dobla a la primera, jugador de tercera...
- ...hay que fijarse en la secuencia...!
- Cariño, páshame un tabaquito.
- ...de pasada, dos cheves, ¿no...?
- ...Sixto Papa, rey de Roma...
- ...no hay un quinto malo...
- ...el Duque de Veragua...
- ...ái te va el sinorejas...
- ...ya te orcaste güey...!
- ¡Cerrao! ¡Cojones!
- ¡carajo, qué chinga...!
Es hora de cenar y ya llegamos todos; hoy somos nueve.
Con la ceremonia del caso, entre todos ponemos la mesa:
el mantel, las servilletas, los platos, las copas y los cubiertos...
Primero: el pan impregnado de aceite de oliva y tomate restregado.
Luego: la tortilla de huevo, que es de espinaca, de queso o de patatas...
Después: los camarones en verde, que nomás son un entremés para picar...
El regocijo invita al comentario cumplidor y agradecido de mis internos...
- “¡Qué cena, y éso que, todavía, no empezamos con lo fuerte...!
Este catalán es el mejor anfitrión y cocinero que conozco...”
(El ambiente es de primera; no sé porqué, pero estamos eufóricos.)
- Cariño: el Felixett trajo unash botellitash de vino blanco...
lash he pueshto en la nevera, déjalash llegar prontito...
- ...uy, desde que somos ricardos ¡hasta vino y, francés...!
- ...oye. Pistolita, ¡ya pásense algo, no sean tan ojetes...!
- Si te pones agusado, sí; si no, allá tú sabrás, güey...
- ...a ver si, ora sí, ya nos toca algo a los jodidos...
- ...no sean traga solos, qué se van a empachar...!
- ... y aparte, se llevan la lana de los pobres.
¡ya ni chingan...! qué poca maternidad...
- ¡Trabaja, güey...!
- ...no mames...
- ¡Salucita...!
(El conejo ha resultado como era de esperar: algo extraordinario.)
Mamfred y Mamilo se pelean, como siempre, por el último huesito.
El comentario de mi espectador pienso, no se hace esperar ni tantito...
- “¡Qué bruto, qué manera de comer tiene este parecito...!”
(Los dos muy quitados de la pena, al acabar de roer, se chupan los dedos.)
Por fin, ya se nos llegó la hora de la partida final: levantamos la mesa y...
como es la costumbre, discutimos mucho la formación de los cuartos:
ni modo, alguien se queda fuera; él será mesero en la primera partida...
- ...ganadores con ganadores y, perdedores con perdedores...
- ...para un pito rápido, siempre hay lugar...!
- ...puta! cómo fumas, pinche Juanito...
¡te vas a morir...! me cái que sí...
- ...y tenía su pitito el tren...
- ...órale que no es ajedrez...
- ...putísima y, se casó...!
- ...ésa no fué al baile...!
- ...cuadernos...
- ...pasodoble...
- ...a trenes...
- ...pijo melgorijo...
- ...sacabuche, profesores...
- ...ora sí, a pagar, maletas...!
- ...puta...! pero qué suerte...
- ...ái apúntalas pa' la próxima...
- ...no te hagas, que es de a dolarín...
- ...tú pagas; me debes la del otro día...
- ...a ver, si ora sí, ya vas aprendiendo mano...
(Son casi las cinco de la mañana y diez cajetillas de humo.)
Quién sabe cuántas chelas y cubas; la música vocinglera de la Faixa.
El personal está cansado y decide que ya es hora de retirarse a dormir.
(Sin embargo, una exclamación en tono de Do, me detiene en el umbral.)
- 'Ombre ¡no te vayash, Felixett...!
anda, tómate una cervecita conmigo...
- No la amueles Juanito; ya es muy tarde...
(Sin dejar de decirme cosas, va hasta el refrigerador y saca dos cervezas.)
Pensar en el momento vivido conforta y recrea la situación, imprimiéndola...
- “Estoy rete cansado, la partida ha sido agotadora y emocionante.
Me siento muy excitado y todavía, sigo sudando.
¿Qué se traerá mi querido Cabecita Blanca...?”
Esperar la comunicación, remite a la expectativa de la incógnita...
Juanito se encuentra nervioso, muy sentimental y conmoviente.
Las cosas no han salido bien en la fábrica de la que fuimos socios.
...aunque vendimos ese negocio, él sigue ahí, con los nuevos dueños...
manejándolo por pura amistad. La venta de sus bien especiales productos,
va de acuerdo a una demanda que es también muy especial, y que a su vez,
implica una producción externa y las cosas, no salen; la crisis está en pleno...
Los recuerdos de Lérida y sus escapadas gastronómicas a Barcelona,
nos han llenado la madrugada de tal manera que, sin darnos cuenta,
ya suenan en el reloj, las nueve de la mañana de mi sábado familiar.
(Ya es hora de ahuecar; me siento cansadísimo.)
- Ái nos vemos, Juanito; ya se nos hizo temprano: me van a matar...
Advierto una ansiedad difícil de explicar: en sus anteojos se aprecia vaho:
será por los recuerdos que le producen la nostalgia y el deseo de compañía.
(Para variar, el diálogo madrugomatutino finaliza con ganas de no terminar.)
- ¡Vente a comer...! Voy a hacer caracoles y a tí, te gushtan mucho...
- Gracias, mano, pero ya es sábado; déjame pasarlo en casa...
- ¡’Ombre, Felixett...! me cabreash; trae a la familia, joder...
- Mira, mano, con esto de los bisnes, ya ando muy alejado...
Debo procurar una poca de intimidad con la familia...
- ¡Coño, no sheas cabrón...! te eshpero, coyons...
- Adiós, mi viejo...
(La significación de la amistad se determina con precisión de relojería:
las pequeñeces singularizan su relación, afirmándola como única e irrepetible.)
...mi conjunto interno, de pronto se envuelve con el manto de la nostalgia...
-“Cuánto recuerdo: la petanca y las botanas; los viajes a las obras;
nuestras comilonas y sus borracheras, sin medida y sin final;
la filosofía barata: nuestros grandes pleitos, sus frases:
“más a más...’ ‘me da igual...’ ‘me cabrea...’
(Me tiembla la voz, y es que el sentimiento me embarga.)
Leer la epístola en el Templo de la Divina Providencia...
delante del féretro y recordar sus últimas palabras...
(que apenitas me las dijo ayer), hacen mi tristeza...
Compungidos, nos vamos todos a León.
(En San Luis, todavía no hay Crematorio...)
- “¡Una cajita de madera con ceniza...!”
...eso es lo único que queda de tanta buena vida...
(De mi ronco pecho sale el grito de insatisfacción y, nostalgia.)
- ¡Pinche Juanito...!
¿Por qué te fuiste tan pronto...?
(Y el cuento se termina, pero la vida no...)
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