Y no sabremos...
...dónde descansarán nuestros huesos...
...hasta convertirse en polvo, supongo que...
...olvidados y absorbidos dentro de la tierra...
 
-Billy Corgan-
 
 
Llevar las exquisiteses hasta sus últimas consecuencias, navegando en amplios meandros de alucinaciones cerebrales, es la regla de este juego -cabalgar en las cavernas vaginales de la madrugada, estólidos los sentidos-.
No hay bolsa de aire que amortigüe el madrazo a las neuronas cuando se trata de viajar por la carretera de Ciudad Morfina, y aquél que se sienta lo bastante impérterrito para acelerarle a fondo hasta gastar varios litros del opiáceo combustible, tendrá un glorioso encuentro con el "señor de los clavos".
Uno se fuma tan predecible final desde un principio subjetivo. "Era de esperar", decimos al mirar el cuerpo de la amorfinada en el suelo -toqueteada por el polvo,estafada por la sobredosis-.
Justine no sabía que la regla del juego a su vez tenía ciertas reglas.
"No soy beata", decía y mentaba madres al pecado capital al mismo tiempo que una comezón encabronada hervía en sus venas. No había manera de frenarla, engolosinada, orgásmica, dejaba asomar sus senos y acariciaba sus pezones con la delicadeza de una monja tocando los pies de Jesucristo crucificado, mientras la sobriedad de los ojos espectadores se ayuntaba la escena sintiendo un picor de poca madre en la entrepierna.
 
Ver a Justine,indolente sobre la acera -como con sueño, como sin sueños- me transportó de inmediato al lugar donde me mostró su cuerpo drogado, donde mis labios cannabisados le ensalibaron hasta el pedazo más recóndito de piel; estupidizados de placer.
Justine no imaginó que terminaría seduciendo larvas bajo el suelo, alimentándolas con su excitante cuerpo -envidio a las larvas que pueden tocarte hasta los huesos- cachondeandose entre ellas.
Justine no conoció las reglas ni la palabra exceso, eso está claro. Pero si los hubiera conocido pues, no sería la Justine de la que me enamoré; valemadrista y chingativa con urgencias rompe madres de tragarse el mundo a jeringazos. Enmorfinada descanse, Justine.
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