LA NIÑA ROTA
Eduviges es una niña que todos los días sale de su casa angustiada y con un hoyo en el estómago, se siente preocupada porque diariamente antes de cerrar la puerta ve como su madre se queda llorando.  A su corta edad, Eduviges, no entiende por qué su mamá actúa de esa manera. Ella simplemente la ve, la mira y sale huyendo.
Manuela, la mamá de Eduviges es una mujer de cuarenta y tantos años, trabaja vendiendo productos de todo tipo, peluches de moda, cremas, joyería, ropa, perfumes, moños, etc. Si por ella fuera vendería hasta la cama en donde duerme. Se la pasa haciendo cuentas, siempre trae en la mano la libreta donde hace sumas y en la otra el celular para ver sus pedidos. Ella pensaba que en las ventas estaba su futuro y el de su hija. Pero con lo que no contaba es que sobreviniera una crisis económica a nivel país y que las personas se llenarán de miedo y las ventas disminuyeran. Creyó que sus clientas serían fieles y que con las grandes ofertas que les ofrecía y con las facilidades de pago que les daba le iban a seguir comprando. Pero no fue así y para su mala suerte como siempre se repetía las ventas disminuyeron y ahora de tener cajas vacías, libretas llenas de cuentas con números en negro y cientos de mensajes en la bandeja de entrada de su mensajería instantánea, pasó a tener cajas llenas de productos cayéndose de polvo, maltratados y hasta caducados aprisionadas en un rincón de su cuarto. De niña le enseñaron que cuando se tenía dinero se podía gastar a manos llenas y esa lección la aprendió muy bien. Y como el dinero era abundante igualmente así de abundantes eran las compras, los paseos y las salidas con su hija y sus amigas.
Eduviges antes era una niña consentida, acostumbrada a comprar lo que quisiese en la tienda, tenía todas las plataformas en su pantalla, y cada que había un evento de sus personajes favoritos sin miramientos su mamá de inmediato compraba asientos en primera fila y obvio todo lo que eso conlleva, que si la foto, el recuerdo y los dulces, refrescos y palomitas. Como agradecimiento llenaba a su mamá de besos y abrazos y le decía que era la mejor mamá del mundo.
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Pero todo principio tiene un final y esa vida abundante se terminó. Manuela ya no tenía dinero, pero los gastos no se detenían y para solventarlos tomó la peor de las decisiones, esas que se dan a la mitad de la noche y después de pasar horas enteras en las redes sociales. Ante sus ojos empezó a aparecer publicidad de aplicaciones, de esas que otorgan créditos en tres minutos. Como experimento descargó una. Le gusto recibir dinero en su cuenta, y luego descargó una más y luego otra hasta que su teléfono estaba saturado de esas aplicaciones y ella saturada de deudas. De sentirse contenta por recibir dinero al instante ahora se encontraba sumergida en ansiedad, preocupación, tristeza y llanto.
Por su lado Eduviges de ser una niña consentida pasó a ser una niña triste, con carencias no sólo económicas sino también afectivas. Porque de compartir momentos felices con su mamá ahora sólo la veía llorar.
Un día Manuela despertó ahogada en llanto y vio la carita de su hija también empapada en llanto y reaccionó. Fue cuando se levantó, tomo un buen baño y se armó de valor para enfrentar la vida.
Decidida a mejorar se puso a buscar trabajo y por fortuna o por la mano de Dios, entró a un local donde necesitaban una asesora en productos de belleza. Contaba con la experiencia suficiente porque no en vano en el pasado tuvo que leer varios folletos sobre ese tipo de productos. La dueña del negocio reconociendo las capacidades y las habilidades de Manuela la contrató de manera inmediata.
Su vida y la de Eduviges estaba cambiando, pero aprendida la lección de los días de quebranto, llanto y angustia se prometieron que ahora no habría despilfarros y que siempre estarían ahí para apoyarse.
Desde entonces Eduviges ya nunca más vio llanto en el rostro de su mamá y dejó de ser la niña rota.
 ESCRITO POR LAURA BERNAL RODRÍGUEZ.
 
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