Segura estoy de no ser la única persona que se siente repudiada y hasta ofendida con la notable amabilidad, actitud de servicio, interés, presencia, tacto, diálogo, atención, que tienen lo políticos aspirantes a puestos gubernamentales en las fechas próximas a una elección. Claro es que tienen que generar una buena imagen ante un pueblo del que necesitan. Por que literal necesitan y dependen de nosotros, los votantes, para cumplir con su meta de ser el próximo diputado, gobernado o presidente del país. Pareciera que su obligación fuera simpatizar con el pueblo mexicano a través de detalles insignificantes como regalar playeras, calcas, termos, o vales de despensa, asistir a activaciones a escupir falsas promesas, visitar pueblos miserables a engañar gente, gente hambrienta en el sentido literal y también hambrientos de justicia e igualdad. Todo esto en lugar de ingeniar, trabajar con equipos locales, nacionales y organismos internacionales para generar propuestas que mejores la situación en la que México se encuentra. Y triste es que se recuerde a aquel político que regalo rímel de hueso de mamey o un paraguas en ves de aquel que pretende establecer políticas en pro de los pueblos indígenas. Parte de esto sin duda es culpa de todos aquellos que les “celebran” todas estas acciones.
Deberíamos hacer conciencia y dejar de pasar por alto todo este show armado con el fin de conseguir votos de maneras materiales en vez de hacerlo con contenido intelectual. Pero no es extraño que se efectúe, de hecho, es una estrategia bastante buena. Los mexicanos somos una sociedad interesada, que busca ver quien nos da más sin que se haga nada. Buscamos gobernantes que se preocupen por nosotros durante campaña, y que nos olviden durante su mandato. Me gustaría poder saber cuantas comunidades en pobreza visitó nuestro actual presidente, cuantas promesas hizo, cuanta mejoría aseguró y los resultados que han recibido todos aquellos a los que convenció en estas idas para que votaran por el. De qué sirve ser tan solidario si al momento de ser nombrados olvidan todo y comienzan a poner su bien propio sobre el de todos aquellos que lo levantaron hasta el lugar en el que ahora esta. Me gusta hacer la analogía de que un político en campaña es algo así como un profeta que va simpatizando con la gente por lo que lo comienzan a seguir, con ellos este “profeta” va convenciéndolos de ponerse uno sobre otro con el fin de que el llegue a la parte alta de una torre, llega a lograrlo, y cuando logra esta meta, derrumba a todos aquellos que lo siguieron durante este proceso que se llama campaña. Es triste, pero es aún mas cuando ya es de conocimiento esta actitud y se sigue aceptando. Me pareciera muy absurdo asumir que la gente no esta consciente y no se percata que es un plan con maña para subir en las encuestas y ganar votos. Me parece que ya fue suficiente, ya es momento de dejar a un lado el deseo por algo material y empezar a exigir lo intelectual, propuestas bien hechas, concretas y factibles. 
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Un claro ejemplo de esta actitud grosera que presentan los candidatos es el debate. En verdad, me sentí muy ofendida de las preguntas y respuestas que intercambiaban los aspirantes a la presidencia de México. Esto debería de aprovecharse para compartir y debatir propuestas que generen consciencia para los candidatos que no las han propuesto, no para expresar que se les debe cortar la mano a los rateros, ¿en verdad nos creen tan estúpidos para decir esto?, evadiendo preguntas, haciendo referencia a propiedades privadas, pareciera más que el debate fuera echo para “sacar los trapitos al sol” de los asuntos personales de los contendientes en vez de poner sobre la mesa asuntos de interés general, importantes para el rumbo que México seguirá los próximos seis años. Que sin duda me parece algo en lo que nos debemos de preocupar mucho más en comparación con que si si o si no tiene AMLO tres departamentos a su nombre. 
En verdad me cuestiono qué piensan los candidatos presidenciales de la gente a la que representara, cuando están preparándose y en el momento del debate, que con pura farándula nos convencerán de votar por ellos o por no votar por sus contrincantes, en vez de con argumentos sustentados con premisas verdaderas que nos harán reflexionar sobre cual postulante es el que mas nos convence. 
Es momento de esparcir una tendencia de concientización sobre lo que es una campaña, y sobre lo que nos están dando. La situación del mexicano está mal. No podemos permitir que nos sigan viendo la cara y se aprovechen de nosotros para después olvidarse de las carencias y necesidades que tiene su pueblo. Levantemos la voz, gritemos si es necesario, que México necesita un cambio lo antes posible. 
 
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