La Chispa de la justicia en Coruscant
MAXIMILIANO GUZMAN RAMIREZ 1ERO DE SECU
La Chispa de la Justicia en Coruscant
Coruscant era un planeta que vibraba con vida, como un enjambre gigante de abejas espaciales, cada nave y edificio una celda escandalosa. Pero incluso en el centro de la galaxia, no todo era tan brillante como sus rascacielos. Desde la ventana de su modesto apartamento en los niveles inferiores, Poe Dameron, un joven sensible a la Fuerza con el pelo tan oscuro como el vacío entre las estrellas, observaba el ir y venir de los ciudadanos. Hoy, su corazón sentía una punzada de tristeza, como si una mano invisible le estrujara el alma.
Su mejor amiga, Rey, una chatarrera de Jakku que ahora vivía en Coruscant y aún conservaba una mirada intensa y decidida, siempre había sido el blanco de miradas y comentarios. No por ser mala o rara, sino por venir de un mundo "marginal" y no tener una "familia importante" como otros en su vecindario. La gente a veces la trataba con condescendencia o murmuraba cosas sobre su origen cuando ella pasaba. Rey, que era fuerte como un árbol wroshyr, solía ignorarlo, pero Poe sabía que por dentro le dolía, como si llevara una carga invisible.
El problema principal estalló en el mercado flotante del Nivel 34. Era un lugar mágico, lleno de olores exóticos y sonidos de todas las galaxias. Poe y Rey habían ido a buscar unos repuestos para el viejo speeder de Poe. Mientras Rey se acercaba a un puesto de especias exóticas para preguntar el precio de unas bayas de ansar, el vendedor, un twi'lek con lekkus que parecían latiguillos marchitos, la miró con una mezcla de sospecha y desdén.
"¿Tú qué quieres, muchacha?", preguntó el twi'lek, con un vozarrón áspero que sonó como arena en un engranaje. "No tengo tiempo para holgazanes de los mundos del borde exterior".
La sangre de Poe hirvió. Vio cómo Rey tensaba la mandíbula y cómo sus ojos se oscurecían ligeramente, un indicio de su frustración. Ella no dijo nada, solo hizo un ademán de irse, su orgullo herido como si una flecha invisible la hubiera alcanzado. Poe sabía que, si Rey fuera de una familia noble o tuviera una historia "más importante", el vendedor no la habría tratado así. Era injusto, una punzada afilada en su sentido de la justicia.
"¡Oiga! ¡Ella solo estaba preguntando!", exclamó Poe, dando un paso firme hacia el puesto. El twi'lek lo miró con sorna, como si Poe fuera una mosca molesta.
Rey lo tomó del brazo, susurrando con voz firme: "Déjalo, Poe. No vale la pena."
Pero Poe no podía dejarlo así. La discriminación por el origen o la falta de conexiones era una sombra que oscurecía la brillantez de Coruscant, y él no podía permitir que apagara el espíritu de Rey. Tenía que hacer algo, no solo por su amiga, sino por todos los que eran juzgados por dónde venían y no por quiénes eran.
Con la determinación brillando en sus ojos, Poe pensó rápidamente. Recordó las historias que le contaba su madre, una ex-piloto de la República, sobre la importancia de defender a los que no tenían voz. Sacó su datapad y, discretamente, tomó una foto del vendedor y de su puesto, recordando los comentarios despectivos que había hecho.
Luego, con la ayuda de Rey, quien era una maestra para arreglar cualquier aparato, crearon un mensaje en la HoloRed contando lo sucedido, sin exagerar, solo mostrando la actitud del vendedor y la injusticia de su trato. Poe, con un plan impulsado por su convicción, publicó el mensaje en varios canales de la comunidad de los niveles inferiores, donde muchos compartían historias similares.
Al día siguiente, el mensaje resonó. Mucha gente de los niveles inferiores, que también se sentían marginados por no pertenecer a las élites de Coruscant, compartieron sus propias experiencias. El puesto del vendedor comenzó a verse vacío. La gente prefería comprar a otros comerciantes que trataban a todos con respeto. La presión social y los comentarios en la HoloRed hicieron que el vendedor se diera cuenta de su error.
Aunque el vendedor no se disculpó públicamente, su actitud en los días siguientes cambió. Empezó a tratar a todos los clientes con más respeto, sabiendo que la comunidad estaba observando. El problema no se había resuelto por completo, pero se había dado un paso importante. Rey sonrió, una sonrisa genuina que iluminó su rostro como un nuevo sol naciente.
"Gracias, Poe", dijo, mientras caminaban por el mercado, sintiendo una atmósfera ligeramente más justa.
"Siempre, Rey", respondió Poe, sintiendo que una pequeña victoria se sumaba a la lucha contra la injusticia. "Todos merecen ser tratados con respeto, sin importar de dónde vengan."
Porque la discriminación, como una mala hierba persistente, siempre encontraría tierra donde crecer. Pero ahora, Poe y Rey sabían que podían ser jardineros de la justicia, plantando semillas de igualdad en el corazón de Coruscant. Y en ese vasto planeta, una pequeña acción de valentía había demostrado que incluso los más marginados podían encender una chispa de cambio.
La Chispa de la Justicia en Coruscant
Coruscant era un planeta que vibraba con vida, como un enjambre gigante de abejas espaciales, cada nave y edificio una celda escandalosa. Pero incluso en el centro de la galaxia, no todo era tan brillante como sus rascacielos. Desde la ventana de su modesto apartamento en los niveles inferiores, Poe Dameron, un joven sensible a la Fuerza con el pelo tan oscuro como el vacío entre las estrellas, observaba el ir y venir de los ciudadanos. Hoy, su corazón sentía una punzada de tristeza, como si una mano invisible le estrujara el alma.
Su mejor amiga, Rey, una chatarrera de Jakku que ahora vivía en Coruscant y aún conservaba una mirada intensa y decidida, siempre había sido el blanco de miradas y comentarios. No por ser mala o rara, sino por venir de un mundo "marginal" y no tener una "familia importante" como otros en su vecindario. La gente a veces la trataba con condescendencia o murmuraba cosas sobre su origen cuando ella pasaba. Rey, que era fuerte como un árbol wroshyr, solía ignorarlo, pero Poe sabía que por dentro le dolía, como si llevara una carga invisible.
El problema principal estalló en el mercado flotante del Nivel 34. Era un lugar mágico, lleno de olores exóticos y sonidos de todas las galaxias. Poe y Rey habían ido a buscar unos repuestos para el viejo speeder de Poe. Mientras Rey se acercaba a un puesto de especias exóticas para preguntar el precio de unas bayas de ansar, el vendedor, un twi'lek con lekkus que parecían latiguillos marchitos, la miró con una mezcla de sospecha y desdén.
"¿Tú qué quieres, muchacha?", preguntó el twi'lek, con un vozarrón áspero que sonó como arena en un engranaje. "No tengo tiempo para holgazanes de los mundos del borde exterior".
La sangre de Poe hirvió. Vio cómo Rey tensaba la mandíbula y cómo sus ojos se oscurecían ligeramente, un indicio de su frustración. Ella no dijo nada, solo hizo un ademán de irse, su orgullo herido como si una flecha invisible la hubiera alcanzado. Poe sabía que, si Rey fuera de una familia noble o tuviera una historia "más importante", el vendedor no la habría tratado así. Era injusto, una punzada afilada en su sentido de la justicia.
"¡Oiga! ¡Ella solo estaba preguntando!", exclamó Poe, dando un paso firme hacia el puesto. El twi'lek lo miró con sorna, como si Poe fuera una mosca molesta.
Rey lo tomó del brazo, susurrando con voz firme: "Déjalo, Poe. No vale la pena."
Pero Poe no podía dejarlo así. La discriminación por el origen o la falta de conexiones era una sombra que oscurecía la brillantez de Coruscant, y él no podía permitir que apagara el espíritu de Rey. Tenía que hacer algo, no solo por su amiga, sino por todos los que eran juzgados por dónde venían y no por quiénes eran.
Con la determinación brillando en sus ojos, Poe pensó rápidamente. Recordó las historias que le contaba su madre, una ex-piloto de la República, sobre la importancia de defender a los que no tenían voz. Sacó su datapad y, discretamente, tomó una foto del vendedor y de su puesto, recordando los comentarios despectivos que había hecho.
Luego, con la ayuda de Rey, quien era una maestra para arreglar cualquier aparato, crearon un mensaje en la HoloRed contando lo sucedido, sin exagerar, solo mostrando la actitud del vendedor y la injusticia de su trato. Poe, con un plan impulsado por su convicción, publicó el mensaje en varios canales de la comunidad de los niveles inferiores, donde muchos compartían historias similares.
Al día siguiente, el mensaje resonó. Mucha gente de los niveles inferiores, que también se sentían marginados por no pertenecer a las élites de Coruscant, compartieron sus propias experiencias. El puesto del vendedor comenzó a verse vacío. La gente prefería comprar a otros comerciantes que trataban a todos con respeto. La presión social y los comentarios en la HoloRed hicieron que el vendedor se diera cuenta de su error.
Aunque el vendedor no se disculpó públicamente, su actitud en los días siguientes cambió. Empezó a tratar a todos los clientes con más respeto, sabiendo que la comunidad estaba observando. El problema no se había resuelto por completo, pero se había dado un paso importante. Rey sonrió, una sonrisa genuina que iluminó su rostro como un nuevo sol naciente.
"Gracias, Poe", dijo, mientras caminaban por el mercado, sintiendo una atmósfera ligeramente más justa.
"Siempre, Rey", respondió Poe, sintiendo que una pequeña victoria se sumaba a la lucha contra la injusticia. "Todos merecen ser tratados con respeto, sin importar de dónde vengan."
Porque la discriminación, como una mala hierba persistente, siempre encontraría tierra donde crecer. Pero ahora, Poe y Rey sabían que podían ser jardineros de la justicia, plantando semillas de igualdad en el corazón de Coruscant. Y en ese vasto planeta, una pequeña acción de valentía había demostrado que incluso los más marginados podían encender una chispa de cambio.
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