¿No es el destello del sol aún más radiante cuando aterriza en ella? “

Sin anuncio incide en los escritos que escudriñan su insondable anhelo, avasallante, fragorosa como mar embravecido. Ella suele ser, a menudo, el trastazo que evoca una realidad que no moramos; ella es, si he de ser preciso, interminable en términos de la sublimidad. 

La estela de su arribo permanece obstinada en la fragilidad de un corazón encandilado sugiriendo, una noche más, a suscitarla abismada en la naturalidad que comprende todo aquello que embellece su silueta. Gira el despiadado invierno en las ruedas del tiempo, sin embargo, en su abrazo emerge la cordialidad de un sol despampanante con la virtud de vencer y doblegarle el alma.

La pertinencia del destino devana, incesante, la fulgurante historia que atesora su amor, abocando consigo aquella eterna confesión capaz de sentenciar su rendición. El polvo del corazón forjó por causa de su afecto un vasto despliegue de estrellas en la inmensidad del firmamento nocturno, apacible, edénico: la impronta de su ser enamorado.

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