Juguetes y lágrimas de diamantes
22/Sep/2009
Juguetes y lágrimas de diamantes
Se terminaba de instalar aquella repisa en el cuarto principal de la casa; especial construida, especial lo que se guardaría en ella. Manos impacientes hundían el último tornillo...se podía ver la emoción en la piel de aquel hombre. Uno a uno fue sacando de la caja de cartón sus joyas...unos juguetes envueltos en papel. Los miraba pausadamente, los tocaba y se detenía a pensar en el lugar perfecto para cada uno, los trataba como si fueran parte de su cuerpo.
Sí...hacia unas horas que los había comprado; en un mercado al pasar por un puesto de juguetes; volteó de manera inconsciente y ahí estaban...todos juntos, eran los mismos que de niño nunca tubo, sin dudar los compró. Al llegar a casa se olvido de todo y empezó a trabajar en la repisa... que ahora terminaba.
Se quedó detenido en ese lugar, viendo sus joyas, imaginando, fantaseando lo mucho que los pudo disfrutar de niño. Volvió en sí, para seguir con su día.
Unas cuantas horas pasaron y alguien tocó a la puerta...al abrir...un niño le pedía permiso para jugar con sus juguetes; ¿Pero como? ¿Como supiste?, "nadie, solo lo sé entonces...¿Puedo pasar a jugar con ellos?", se trataba del hijo del vecino, y sin mas lo dejó entrar. Jugaba, se divertía, oía las risas...le llegaban al corazón...mientras preparaba la comida.
Al día siguiente llegó su hermano con su hijo, su sobrino subió a la habitación para jugar con los juguetes. Al otro día lo visitó un primo con su hijo, que sin dudar tomó los juguetes...se entretuvo con ellos todo el tiempo que estuvo ahí. Día tras día cualquier niño lo visitaba para lo mismo. En una de esas ocasiones al oír los toquidos y abrir...un niño...¡imposible! ¡es él de ocho años!...sin decir nada el yo de aquel hombre en niño subió a la habitación y tomó los preciados. Quedándose mudo, al tiempo reaccionó y subió...no dijo una sola palabra, solo observaba como se divertía.
Tiempo pasaba...gozaba, ver a tantos niños disfrutar de sus juguetes. Una tarde al limpiarlos se dio cuenta de que estaban dañados, sufrían deterioro, por lo que decidió no prestarlos más, así fue corriendo...a todos, hasta que nunca nadie volvió. Solo en esa casa un día escuchó un estruendo arriba, subió y polvo salía de su cuarto; un pedazo de techo cayó, justo el que se encontraba arriba de la repisa...los había aplastado. Nervioso quitó las piedras para descubrirlos...estaban arruinados, el color de ellos ahora era opaco, incluso el gesto les había cambiado, lo extraño era que el hombre no mostraba tristeza...seriedad nada mas, luego entró como en un transe, respiraba sereno, fue a la ventana...para buscar nada en el paisaje. Entonces la puerta del cuarto se abrió...era su yo de ocho años, volteó entonces al momento que el niño...con los ojos llorosos le dijo..."acaban de morir mis padres". El hombre fue hacia el y lo abrazó fuerte, "¿me puedo quedar contigo?" le dijo el niño con voz quebrada... y miedo en la piel de cada palabra. Habló la conciencia del hombre...habló su inconsciencia para decir "por favor...quédate siempre conmigo", lo cargó y lo llevó a la cama...sentado él...con el niño en las piernas, abrasándolo, abrazándose, expresándose con lágrimas y abrazos. Lágrimas que al salir de los ojos se cristalizaban en diamantes, que al caer y tocar la piel otra vez...se volvían a fundir.
Jesús Alexandro Domínguez Briones
Juguetes y lágrimas de diamantes
Se terminaba de instalar aquella repisa en el cuarto principal de la casa; especial construida, especial lo que se guardaría en ella. Manos impacientes hundían el último tornillo...se podía ver la emoción en la piel de aquel hombre. Uno a uno fue sacando de la caja de cartón sus joyas...unos juguetes envueltos en papel. Los miraba pausadamente, los tocaba y se detenía a pensar en el lugar perfecto para cada uno, los trataba como si fueran parte de su cuerpo.
Sí...hacia unas horas que los había comprado; en un mercado al pasar por un puesto de juguetes; volteó de manera inconsciente y ahí estaban...todos juntos, eran los mismos que de niño nunca tubo, sin dudar los compró. Al llegar a casa se olvido de todo y empezó a trabajar en la repisa... que ahora terminaba.
Se quedó detenido en ese lugar, viendo sus joyas, imaginando, fantaseando lo mucho que los pudo disfrutar de niño. Volvió en sí, para seguir con su día.
Unas cuantas horas pasaron y alguien tocó a la puerta...al abrir...un niño le pedía permiso para jugar con sus juguetes; ¿Pero como? ¿Como supiste?, "nadie, solo lo sé entonces...¿Puedo pasar a jugar con ellos?", se trataba del hijo del vecino, y sin mas lo dejó entrar. Jugaba, se divertía, oía las risas...le llegaban al corazón...mientras preparaba la comida.
Al día siguiente llegó su hermano con su hijo, su sobrino subió a la habitación para jugar con los juguetes. Al otro día lo visitó un primo con su hijo, que sin dudar tomó los juguetes...se entretuvo con ellos todo el tiempo que estuvo ahí. Día tras día cualquier niño lo visitaba para lo mismo. En una de esas ocasiones al oír los toquidos y abrir...un niño...¡imposible! ¡es él de ocho años!...sin decir nada el yo de aquel hombre en niño subió a la habitación y tomó los preciados. Quedándose mudo, al tiempo reaccionó y subió...no dijo una sola palabra, solo observaba como se divertía.
Tiempo pasaba...gozaba, ver a tantos niños disfrutar de sus juguetes. Una tarde al limpiarlos se dio cuenta de que estaban dañados, sufrían deterioro, por lo que decidió no prestarlos más, así fue corriendo...a todos, hasta que nunca nadie volvió. Solo en esa casa un día escuchó un estruendo arriba, subió y polvo salía de su cuarto; un pedazo de techo cayó, justo el que se encontraba arriba de la repisa...los había aplastado. Nervioso quitó las piedras para descubrirlos...estaban arruinados, el color de ellos ahora era opaco, incluso el gesto les había cambiado, lo extraño era que el hombre no mostraba tristeza...seriedad nada mas, luego entró como en un transe, respiraba sereno, fue a la ventana...para buscar nada en el paisaje. Entonces la puerta del cuarto se abrió...era su yo de ocho años, volteó entonces al momento que el niño...con los ojos llorosos le dijo..."acaban de morir mis padres". El hombre fue hacia el y lo abrazó fuerte, "¿me puedo quedar contigo?" le dijo el niño con voz quebrada... y miedo en la piel de cada palabra. Habló la conciencia del hombre...habló su inconsciencia para decir "por favor...quédate siempre conmigo", lo cargó y lo llevó a la cama...sentado él...con el niño en las piernas, abrasándolo, abrazándose, expresándose con lágrimas y abrazos. Lágrimas que al salir de los ojos se cristalizaban en diamantes, que al caer y tocar la piel otra vez...se volvían a fundir.
Jesús Alexandro Domínguez Briones
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