Júbilo y algázara por ti en los jubileos
dados a un tiempo en el que te derramas en la arena y devoras
la pasión de mi tacto que no te agrede nunca:
Te enciendes y amanece en tu cuerpo intachable
de auroras que se alzan y acarician tus tibias,
tus tobillos, los áticos sinceros de tus pómulos
y el gentil devaneo de tu melena fuerte.
De la garganta al pecho te cubre Primavera
y te alaban espumas en tus muslos nocturnos:
Te escapas en delicia ascendiendo y arando
todos los paladares del que te ve en tu rosa.
Desnudos son los cielos sobre ti y mis calvarios
son ver que tu plenitud no alcanzo en mis revuelos.
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