Domingo de callar y alabar,
y de habitar en la trastienda
parafinada sin hábiles reyertas.
Día en que el clamor asiste
sobre todos los prójimos
de mil miradas tristes,
que se mueven en tiempos
sucesivos
abatidos por todos los esquivos:
Es vana la ilusión de vanaglorias
y se mudan las edades sin victoria.
Muere el fuerte y también muere el débil
pues tan sólo somos pausa breve.
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