apareciste
con la brisa
del atardecer
cálida tu mano
posaste 
en la  helada tristeza
de mi silencio

de amor
tus ojos
enfebrecidos
con gotas
de ternura
invadiste
mi espacio gris
de soledad

  
entonces
en la magia
de un instante
el sol irradió
su último
el más brillante
de sus suspiros
rielando
en los mares
de mi felicidad

  
  
pero
ese sol radiante
no se ocultó
no
el incendiario
se había metido
en el silencio
de mi corazón.
  
  
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