Mis manos inventan otro cuerpo, otro instante
dentro del mediodía de tu cuello:
Extendida en un momento de azotea
y elusiva ante todos los pronombres.
Intocable eres en tu sombra y tu risa
no es reverbero de las trivialidades.
Tu anatomía coloquial va descendiendo
hacia caminos más profundos que exiguos.
Hay vapores de humos blancos que azulean
mientras tu luz indiferente me destroza
las yemas de mis dedos repetidos
por todos tus teatros, actos y reflejos.
Lentamente te asimilo y me descubro
entre sonoridades aparentes quizás tibias.
Te mueves tan distante que no rozas
el lomo de mi furia que me define
en la concavidad de tu piel siempre en oleaje
como aquel que llevó amapolas abatidas
cuando te extiendes en los aires de esos viajes
que se entrecortan al prever tus más altísimas bahías
derramada bajo un Sol arrojado a las costas de tus sueños.
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