Un corazón de un pequeño ser palpita
suave brisa de vida.
Respira, y un giro arremolinado
canta allá lejos y cerca.
En el recoveco oscuro de la memoria
canta, gime, inspira.

¡No soporto el ruido!
y la cabeza amarilla de la estupidez
enceguece los sentidos.

Suave remolino en caída
el abismo, negro celestial
centellas distantes bailan.
Y caigo y caigo...
Flota el alma inconmesurable
ensimismada en la belleza.
Un labio replica,
la gota que resbala lánguida
en lánguido deseo.
 
Daih (26 de enero de 2014)
Fotografía de Erick René 
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