Horadaré las tramas y el cincel
que esculpen tu camino
de ser más que flamígero
y tomada por nadie.
Asperjaré en tí
agua, viento, tiempo, trementina
y todo linimento que hurge en tu perfume.
Y acicalaré cada flora
para que así endulces la sombra del Olivo,
las carencias extrañas de a lo que falte pétalos y
la luz desarraigada en mi vida que expira
tras de muérdagos secos y etéreas bambalinas
en la incoherencia del que jamás fue amado.
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