HORA DEL TETERO
Si cojeas, no eres tú. Si resoplas, no eres tú, madre. Si gruñes, no eres tú. Y si arañas y te precipitas dentro del volcán, no eres tú, madre. Si rasgas y quemas diccionarios y aúllas al amanecer, no eres tú, madre.
Lo sé con certeza.
No eres tú, madrecita querida, aunque pretendas hacérmelo creer. Pero cuando dices: “Hijo, es hora de tomarte el tetero”, y puedo ver tus apetitosas tetas, no hay la menor duda: eres tú. Y yo soy yo, tu hijo mayor a quien le falta el tetero como a ninguno otro en esta familia. Y me lo dices reticente siempre que papá no está en casa… Por eso sé que eres tú, madre.
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