Hojas cayendo.
Momentos indecisos.
Complejidad infinita.
Pensamientos aturdidos.
Me aburro de todo, cada vez que intento algo nuevo termino dejándolo por la mitad.
No se si el problema soy yo, tú o el mundo en general.
Tiendo a tenderme en el piso esperando a ser tendido en una cuerda.
Necesito secar todo ese miedo húmedo que cargo.
Increíblemente mi alma descanza en extraña paz, veamos cuánto dura eso desde hoy, cuanto durará desde mañana.
Empiezo a escribir sin razón y mi musa aparece de vez en cuando.
Tal vez esperé demasiado de lo que no conosco en lo absoluto.
Veamos como camina todo aprendiendo a trotar mientras corre gateando.
El agua que bebo no es mas que un liquido superficial.
Recostado en las abrazadoras raices de un árbol infinitamente grande veo como caen las hojas, suaves, con el resplandor del sol a travéz de ellas.
Tengo tanto miedo de que terminen de caer como de que se vayan lejos.
Tengo tanto miedo de irme como de quedarme.
Tengo tanto miedo de mi, de ti, del mundo en general.
Así empieza los suburbios y barrios en mi cabeza y la autoridad es nula.
Tantos espejos que me dan la espalda.
La brisa es totalmente inexistente.
Pero acostada a mi lado y con la cabeza en mis piernas viéndome fijamente a los ojos de manera perdidamente enamorada, me observa mi sombra negra.
La beso, me besa.
Somos felices.
Existimos.
Complejidad infinita.
Pensamientos aturdidos.
Me aburro de todo, cada vez que intento algo nuevo termino dejándolo por la mitad.
No se si el problema soy yo, tú o el mundo en general.
Tiendo a tenderme en el piso esperando a ser tendido en una cuerda.
Necesito secar todo ese miedo húmedo que cargo.
Increíblemente mi alma descanza en extraña paz, veamos cuánto dura eso desde hoy, cuanto durará desde mañana.
Empiezo a escribir sin razón y mi musa aparece de vez en cuando.
Tal vez esperé demasiado de lo que no conosco en lo absoluto.
Veamos como camina todo aprendiendo a trotar mientras corre gateando.
El agua que bebo no es mas que un liquido superficial.
Recostado en las abrazadoras raices de un árbol infinitamente grande veo como caen las hojas, suaves, con el resplandor del sol a travéz de ellas.
Tengo tanto miedo de que terminen de caer como de que se vayan lejos.
Tengo tanto miedo de irme como de quedarme.
Tengo tanto miedo de mi, de ti, del mundo en general.
Así empieza los suburbios y barrios en mi cabeza y la autoridad es nula.
Tantos espejos que me dan la espalda.
La brisa es totalmente inexistente.
Pero acostada a mi lado y con la cabeza en mis piernas viéndome fijamente a los ojos de manera perdidamente enamorada, me observa mi sombra negra.
La beso, me besa.
Somos felices.
Existimos.
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