Hogares dona. Una consecuencia de la migración.
Migración, una palabra con sin fin de significados. Países receptores con una opinión muy distinta a los países receptores, asimismo, los que se van, y los que se quedan. Múltiples escritos ya existen acerca de las experiencias de aquellos valientes hombres y mujeres que no tienen otra opción que dejar su pueblo, su familia, sus tradiciones y costumbres en búsqueda de una mejor vida para ellos y sus familiares.
Pero, ¿que pasa con los que se quedan?, ¿qué pasa con esas mujeres que están casi destinadas a terminar solas? Crían bajo una autoridad bifurcada a sus hijos, por que no solo son ellas las que dan las órdenes en el hogar, a pesar de la distancia, se le sigue considerando al padre para los permisos y castigos. Lo triste de este caso llega cuando arriba la noticia de que el padre de familia que se fue con un objetivo claro, el de mandar la mayor cantidad de dinero, con el sueño de algún día regresar con su familia, ya encontró a otra familia allá.
Aún mas triste es, cuando los dos padres se ven en la necesidad de migrar hacia un futuro mejor. Generalmente dejan a sus hijos con los abuelos, ya sea maternos o paternos, a esto es a lo que se le llama hogar dona, de acuerdo con el historiador Eduardo González, se le conoce asía a este tipo de familias por el “hoyo” que se genera debido a la partida de los padres. Las consecuencias que se generan gracias a este tipo de familias van dirigidas tanto a los abuelos, como a los abandonados.
Para el caso de los hijos, hay casos en los que sus padres los tuvieron que dejar cuando ellos tenían una muy corta edad, por ende, los recuerdos que tienen de sus padres, son casi nulos. A pesar de esto, se comunican entre ellos como si se conocieran de toda la vida. Por lo contrario, cuando la migración de los padres se da en una edad avanzada, generalmente, no se le reconoce la autoridad a los ahora encargados de ellos, en este caso, los abuelos. Una situación que a mi parecer es muy complicada es, como ya mencioné en el segundo párrafo de este escrito, el tema de los permisos, castigos y demás. Los que se van dejan de tener idea ni contexto del entorno, actitudes, cambio de amistades y relaciones que sus hijos generarán a consecuencia de su partida, por ende, me parece que bifurcar la autoridad entre abuelos y padres es algo complicado. Innegablemente, la influencia de que sus padres estén en otro país y les este yendo “bien” genera el deseo de ir con ellos, esto llega ser muy difícil ya que es muy común que los padres no quieran que sus hijos vivan lo temible de cruzar “al otro lado”.
En la otra mano tenemos a los abuelos, que quizá de manera obligatoria, adoptan esta nueva responsabilidad de criar hijos ajenos, bajo la esperanza de que los padres de estos manden quincenalmente, mensualmente o bimestralmente, una cantidad monetaria que los haga sobrevivir. No quisiera imaginarme a un par de abuelos volviendo a vivir la adolescencia con sus nietos, con varios años de diferencia, agregando a esto, que el abandono de sus padres les deja un grave problema psicológico. Otro aspecto que en lo particular me parece muy difícil es cuando el sueño se convierte en pesadilla, y los padres anhelosos de llegar al “otro lado” quedan vencidos en el camino, estas “familias dona” quedan literalmente destinadas a desaparecer.
Desgraciadamente, existen casos en donde se les tiene un “especial cariño” aquellos cuyos padres se tuvieron que ir, de parte de tíos y demás familiares. Claramente, por conveniencia, ya que personas colindantes a los que “se quedaron”, ven como comienzan a usar ropa americana, se interesan por aprender inglés, comen golosinas desconocidas en su comunidad, etc. todo esto enviado por sus padres que ahora viven en un mundo completamente distinto al que dejaron.
La migración siempre será un tema de dos caras, de la cual siempre se hablará mas de una que de otra. Es importante considerar ambas, ya que este nuevo cambio de vida no solo es para los que se van, también para esos familiares que se quedan. Pero sin duda considero que de alguna forma u otra esta obligatoriedad de migrar tiene que parar, no podemos permitir mas hogares dona, llenos de tristezas, falsas esperanzas, falsos anhelos, confusiones y demás sentimientos que generar una vida muy difícil. En estas épocas de elecciones, recordemos este punto, no olvidemos que el tener una vida digna, un trabajo con el cual sustentar a la familia, y poder tener la decisión de migrar o no es algo que le tenemos que exigir a los nuevos líderes de la nación. Dejemos de cegarnos. No a los hogares dona.
Pero, ¿que pasa con los que se quedan?, ¿qué pasa con esas mujeres que están casi destinadas a terminar solas? Crían bajo una autoridad bifurcada a sus hijos, por que no solo son ellas las que dan las órdenes en el hogar, a pesar de la distancia, se le sigue considerando al padre para los permisos y castigos. Lo triste de este caso llega cuando arriba la noticia de que el padre de familia que se fue con un objetivo claro, el de mandar la mayor cantidad de dinero, con el sueño de algún día regresar con su familia, ya encontró a otra familia allá.
Aún mas triste es, cuando los dos padres se ven en la necesidad de migrar hacia un futuro mejor. Generalmente dejan a sus hijos con los abuelos, ya sea maternos o paternos, a esto es a lo que se le llama hogar dona, de acuerdo con el historiador Eduardo González, se le conoce asía a este tipo de familias por el “hoyo” que se genera debido a la partida de los padres. Las consecuencias que se generan gracias a este tipo de familias van dirigidas tanto a los abuelos, como a los abandonados.
Para el caso de los hijos, hay casos en los que sus padres los tuvieron que dejar cuando ellos tenían una muy corta edad, por ende, los recuerdos que tienen de sus padres, son casi nulos. A pesar de esto, se comunican entre ellos como si se conocieran de toda la vida. Por lo contrario, cuando la migración de los padres se da en una edad avanzada, generalmente, no se le reconoce la autoridad a los ahora encargados de ellos, en este caso, los abuelos. Una situación que a mi parecer es muy complicada es, como ya mencioné en el segundo párrafo de este escrito, el tema de los permisos, castigos y demás. Los que se van dejan de tener idea ni contexto del entorno, actitudes, cambio de amistades y relaciones que sus hijos generarán a consecuencia de su partida, por ende, me parece que bifurcar la autoridad entre abuelos y padres es algo complicado. Innegablemente, la influencia de que sus padres estén en otro país y les este yendo “bien” genera el deseo de ir con ellos, esto llega ser muy difícil ya que es muy común que los padres no quieran que sus hijos vivan lo temible de cruzar “al otro lado”.
En la otra mano tenemos a los abuelos, que quizá de manera obligatoria, adoptan esta nueva responsabilidad de criar hijos ajenos, bajo la esperanza de que los padres de estos manden quincenalmente, mensualmente o bimestralmente, una cantidad monetaria que los haga sobrevivir. No quisiera imaginarme a un par de abuelos volviendo a vivir la adolescencia con sus nietos, con varios años de diferencia, agregando a esto, que el abandono de sus padres les deja un grave problema psicológico. Otro aspecto que en lo particular me parece muy difícil es cuando el sueño se convierte en pesadilla, y los padres anhelosos de llegar al “otro lado” quedan vencidos en el camino, estas “familias dona” quedan literalmente destinadas a desaparecer.
Desgraciadamente, existen casos en donde se les tiene un “especial cariño” aquellos cuyos padres se tuvieron que ir, de parte de tíos y demás familiares. Claramente, por conveniencia, ya que personas colindantes a los que “se quedaron”, ven como comienzan a usar ropa americana, se interesan por aprender inglés, comen golosinas desconocidas en su comunidad, etc. todo esto enviado por sus padres que ahora viven en un mundo completamente distinto al que dejaron.
La migración siempre será un tema de dos caras, de la cual siempre se hablará mas de una que de otra. Es importante considerar ambas, ya que este nuevo cambio de vida no solo es para los que se van, también para esos familiares que se quedan. Pero sin duda considero que de alguna forma u otra esta obligatoriedad de migrar tiene que parar, no podemos permitir mas hogares dona, llenos de tristezas, falsas esperanzas, falsos anhelos, confusiones y demás sentimientos que generar una vida muy difícil. En estas épocas de elecciones, recordemos este punto, no olvidemos que el tener una vida digna, un trabajo con el cual sustentar a la familia, y poder tener la decisión de migrar o no es algo que le tenemos que exigir a los nuevos líderes de la nación. Dejemos de cegarnos. No a los hogares dona.
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