Soy hija de un padre egoísta.

Un padre que faltó 

a los eventos especiales.

Un padre que nunca 

estuvo en mis momentos difíciles.

Un padre que nunca 

dio el primer paso para ir a verme.

Soy hija de un padre egoísta.

Un padre que eligió a su ego y 

orgullo por encima del amor.

Un padre que destruía con sus pies 

lo que construía con sus manos.

Un padre que inventaba miles de justificaciones 

para no reconocer sus malos actos.

Soy hija de un padre egoísta.

Un padre con el que soñaba 

pasar la navidad.

Un padre con el que soñaba 

que me entregara en el altar.

Un padre con el que soñaba 

enseñarle a mis hijos.

Soy hija de un padre egoísta.

Un padre que en los cumpleaños 

llamaba apenas se asomaba el alba 

y cantaba serenata.

Un padre que por corto tiempo 

cuido a su bebé como el mayor tesoro.

Un padre que tenía un

extraño y retorcido concepto de

amor filial.

Soy hija de un padre egoísta.

Un padre que sucumbió al sueño eterno.

Un padre que ahora es polvo de estrellas.

Un padre que ahora, no es más que un recuerdo.

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