Quédate en ese rincón
De nudos sin garganta,
De fantasma hundido,
De estatua sin terminar…
Ahí puedes cruzarte de brazos por los siglos de los siglos…
Silbar la derrota,
Gritar con Ulises,
 A los dioses:
Que no los necesitas.
Desnúdate,
Quema las naves y teje tu armadura con cada lágrima de triste Yegua de  TROYA.
¡No te preocupes Helena!
¡Omero contará otra historia!
 
 
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