Hay veces como hoy que el escribir me aturde
y no quiero pensar en las trenzas del muérdago ni en el cuervo maldito.
Ni dejar que mi mano roce su metafísica sobre la hoja ígnea ya de más socavada.
Como mortal no quiero nombrar las clavellinas y regar con rigores los perfumes exactos
y saltarme los vástagos sembrados entre hileras de velas que se encienden todo magnificando:
A mi también me " sucede " aburrirme entre úlceras y hablar de mares vagos en vasta tropelía
ni nombrar a la lis ni a la rosa instantánea ni a la forma ni al garbo de femenil silueta.
Salgo de mí y camino desollándo las cúspides donde otrora enterré una ánfora grave:
Parménides lo supo: Antes de mí: El hartazgo del látigo amarillo y el visceral oprobio
de cada cosa mística que quemo junto a otras hogueras extraviadas.
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