Hambrientos, desnudos, primitivos
amanecemos en los valles del anhelo:
Hurgamos en la tierra que se enciende
entre todos los frutos de delicia:
La oscuridad de los otros nos embarga
y elevan furias hacia cielos inquietos:
Ponemos entre los dientes las semillas de lumbre
masticando plenamente sus formas.
Y hay unos goces silenciosos y secretos
que escapan de nuestra hambre ávida
y sobre las angustias nos pone por reflejo
de inmensa hueste saciada entre los trópicos.
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