Génesis de una extensa soledad
La tarde perecía, la noche asomaba y allí estabas tú aunque mis ojos no te advertían. Bullicios iban y venían, era la hora de salida, hora en la que no me importaba nada distinto a emprender mi largo camino de regreso a casa para descansar. Pero algo detuvo mi afán, algo me sorprendió, algo que no puedo explicar causó una manifestación de caos en mi interior y me obnubiló. Tus ojos y tu rostro fueron el espectáculo que mis ojos observaron por unos segundos a unos cuantos metros de distancia dejándome sin reacción pero con una sensación de emoción. Avancé mi camino como pude tratando de aterrizar mis pensamientos ante la inminente cursilería que estos promovían. Me fui alejando y la noche sería larga pensando en esa vivencia y anticipando que en dos días nuevamente volvería para confirmar lo que hasta hoy sigue merodeando mi soledad.
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