Fantasmales, la realidad y el poder,
se volatilizan perdiéndose entre nosotros.
sus harapos visten nuestros egos,
confluyen y se mueven a sus anchas
en nuestra subjetividad.
 
¡Vaya! jamás se me hubiera ocurrido
pensar así: todo juega conmigo,
¡pero yo no soy nadie!.
 
Es inquietante, envuelto en ello, desaparecer
de un rato para otro.
Ser arrastrado por esta marea
que no se sabe bien de donde viene,
más aun hacerse a la idea
de ser "arrastrado", como si eso fuera posible.
 
en fin, no es verdad que ellas
se pierdan.....
 
En verdad, lo principal es la pobreza en que te sumen.
 
Y aquí la cosa es compleja,
pues es nuestra alma la que afectada en
su eterno devenir, ¡vaya paradoja!
¡se va convirtiendo en pordiosera!.
 
 
Pero en el fondo amigos, se  trata de una cuestión de relativa sencillez:
las relaciones de mi ego, su existencia.... su inexistencia.
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