Cae la noche misteriosa
con su rumor silencioso,
la brisa,
penetra, el deseo ,
de soñar la orgia.
Cada vaivén de
nuestros cuerpos
desnudos, es una herida mortal
del tiempo que agoniza en su camino interminable.
Cada beso, es un juego,
el juego de tatuarnos
la piel con besos
sobre nuestras pieles.
Las huellas quedan profundas,
en el llorar de
nuestros impulsos,
el fuego se consume
y nosotros nos consumimos
en la llama eterna del deseo.
La carne juega a morir,
huella impermutable de la vida.
Que dibuja sobre nuestros rostros el destino.
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