Y me pregunto en este instante...
¿Para quién es este canto triste y entonado? Me he convertido en lo que nunca pensé llegar a ser en mi vida...
una oficiadora de ritos sin memorias,
de figuras obsoletas que ya no sienten,
los que la vida le es indiferente.
Como las sombras de aquellas imágenes perpetuadas en Comala,
las que deambulaban con sus faldas
y sus mantos negros
levantando el polvo del pueblo en el ruedos de sus faldas.
Sí, como aquellas que deambulaban taciturnas
entre las vigas de las casas abandonadas
entre las sombras de un pueblo funesto
y en el pasar del tiempo y sus historias.
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¡Ah Rulfo!
¡que gran imaginación la que engendraste!, para contar relatos fantasmales
sobre Dolorita y Juan Preciado.
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